TODA CIENCIA es poder. Por eso no hubo ni reyes ni papas, ni políticos ni banqueros, que no sintiesen celos de los sabios que llamaban a su vera: del médico que atendía sus debilidades, del poeta que escribía su epopeya, del ingeniero que franqueaba los abismos, o del teólogo que entendía la Biblia. Y por eso no debe extrañarnos que tanto la la Iglesia como el Estado vean con inquietud los avances de la moderna genética que hurga abiertamente en los secretos de la vida. La coartada para esta lucha de poder es la ética, y por eso precisan mantener un enfoque maniqueo de todos los descubrimientos que, nacidos para hacer el bien, también sirven para hacer el mal. Los mafiosos y los pederastas -argumentan- se citan por Internet, y la clonación de embriones con fines terapéuticos abre el camino para la clonación reproductiva. Y de ahí se desprende la necesidad de recordarles que la pólvora de ETA sale de las canteras que arrancan mármoles para las iglesias, que los bemoles del gregoriano son identicos a los de las bandas militares, que la maceta que esculpió el David de Miguel Ángel puede ser un arma terrible, y que la pala de pescado con la que saboreamos la lubina funciona como un arma en manos de un machista violento. Por eso va siendo horas de que denunciemos a los que, poseyendo enormes arsenales de bombas, gases y bacterias, se proponen a sí mismos para vigilar a los sabios que piensan realizarse, o simplemente forrarse, curando la diabetes. Ya decía Leclerc que no se registró ni un solo avance científico que, siendo previsible, no hubiese generado resistencias. Y ya digo yo que, vista la relación de inventos malditos que son ahora imprescindibles -las transfusiones, la anatomía experimental, el control de la natalidad, la alquimia, el psicoanálisis y el bikini- deberíamos ser más prudentes y realistas a la hora de revestirnos de pontifical y salir a los medios de comunicación -que también son antros de pecado- para decir hasta dónde llega la ciencia y donde empieza el Apocalipsis. Lo que está en juego no es la investigación con embriones, sino la decisión de si esta investigación se va a hacer por la vía de lo civil, con libertad y taquígrafos, o por la vía criminal, ilegalmente y fuera de todo control.. Mi opción -¡viva la libertad!- ya está clara. Pero, si usted tiene miedo al pecado y a que el mundo le estalle en los fuciños , puede poner la genética bajo la vigilancia de George W. Bush, para que sólo se pueda investigar donde él lo diga y con el nihil obstat del Pentágono, que, al lado de sus arsenales de armas químicas y bacteriológicas, también dispone de las mayores reservas de ética cuántica que existen en el mundo.