LAS TERTULIAS que todavía resisten suelen concretar el tema en quien conoce el pueblo o villa de Galicia más deleznable urbanísticamente. La competencia es brutal. Malpica, A Estrada y Monforte de Lemos, por ejemplo, rivalizan por el título con especial merecimiento. Pero hay muchos ejemplos más, que el simple afán de descubrir puede abrir a nuestros ojos, atónitos de tanta atrocidad antiestética. Nuestras leyes urbanísticas siempre han contado con preceptos que obligaban a adecuar las construcciones a las características del entorno y a que los materiales de fachadas, cubiertas y cierres de parcelas armonizasen con el paisaje. Los anunciados propósitos de la Xunta en este sentido no constituyen novedad de Derecho positivo, aunque podrían serlo de una distinta voluntad política. Ojalá, porque el urbanismo no es una fría técnica de ordenación y aprovechamiento de los espacios. Urbanismo es, como escribió Louis Wirth hace sesenta años, «una forma de vivir».