El próximo jueves, con La Voz, una nueva edición de la Guía de Másters de Galicia
EN ROMÁN PALADINO
11 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.ESTAMOS en la antesala de unas elecciones en las que más que cambio de Gobierno se adivinan cambios en el modelo del Estado de las Autonomías. Cuando, tras la Constitución se abren los procesos estatutarios, sólo dos comunidades tienen claro lo que desean ser; al resto les llega aquel «café con leche» que quiso repartir Suárez para frenar al nacionalismo. Hoy es diferente. Todos defienden derechos históricos, sociales y ganas de autogobierno. Unos más que otros están dispuestos a discutir si el Estado debe ser simétrico o asimétrico. Pero hay claves. Reformar el Senado para que sea la cámara en la que se discuta el modelo, evitando las negociaciones «a puerta cerrada», con catalanes para lograr apoyos en el Congreso de los Diputados, con vascos para frenar a ETA. Ahí es donde los presidentes de comunidades deben convencer al resto del país de sus derechos y sus contribuciones a la solidaridad nacional, de la que no pueden escapar como si cada cual sólo tuviera responsabilidades en su territorio. Hay que exigir a los lendakaris que no olviden su condición de representantes ordinarios del Estado. Pero también conviene que el Gobierno de la nación no olvide que las comunidades autónomas son fragmentos de Estado, por lo tanto con necesidad de autoorganizar la descentralización para dar respuesta a los problemas de la ciudadanía, en condiciones de proximidad a lo mejor posible, para lo cual es indispensable disponer de suficiencia de financiación. Resulta imparable la reforma del bloque constitucional, para que todos estemos cómodos, para que sepamos qué capacidad pueden tener los fragmentos de Estado para garantizar una cierta calidad de vida que constituye la parte tangible de la ciudadanía en el tercer milenio. Resulta imparable saber cómo organiza el Estado la solidaridad interterritorial, y cómo se instrumenta la descentralización o la subsidiaridad. Pero habrá más cuestiones. Los límites de los ayuntamientos para ejercer su capacidad de fomento, y las tentaciones centralizadoras de algunos Gobiernos autónomos en el seno de su territorio. Sería bueno que el nuevo Gobierno tomara la iniciativa y posibilitara el foro, de lo contrario volverán a sacar tajada los de siempre; que por cierto se han olvidado de cómo la desigualdad propició que muchos españoles tuvieran que hacer las maletas para irse a esas comunidades.