Sesenta y cinco días para intentar el milagro

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

¡YA ESTAMOS metidos en faena!, exclamó el taxista al escuchar a Zaplana, convertido en trompeta anunciadora de urnas. Voy a tener que dejar de escuchar la radio, añadió, como si en pleno pecado le hubieran avisado de la presencia de su mujer. Tampoco es para ponerse así, le objetó el cronista. ¿Cómo que no?, dijo el conductor. Y se puso a enumerar las desgracias que sobrevienen en tiempo electoral: las entrevistas son publicitarias; las tertulias se ponen de un partidista que huelen; es difícil distinguir información de propaganda; nadie razona como es debido; hay que escuchar improperios¿ Todo, sentenció el taxista, para que ganen los de siempre. ¿Los de siempre? Eso dicen las encuestas. Les dan hasta diez puntos de ventaja. De todas formas, ¿no os habéis fijado? No es por darle emoción a la cosa, pero en las últimas declaraciones del Gobierno se nota más tono de inquietud que hace un mes. Hay un ambientillo de mayor respeto a Zapatero. Ayer, en la mismísima Radio Nacional de España se aconsejaba al PP que se ponga las pilas, como si hubiera perdido fuelle. Y es que los socialistas pueden hacer tonterías de programa, pero el Gobierno y su partido, plácidamente instalados en sus éxitos, están chupando rueda del PSOE. No aportan más novedad que un administrativista «España va bien». Y de tanto rebatir lo que dice Zapatero, pueden quedarse como en Euskadi: en el «partido del no». Hasta su antiguo portavoz, Miguel Angel Rodríguez, les reprocha que se hayan dedicado a disfrutar largas vacaciones a pocas semanas de las urnas. Pero no sufráis los votantes del PP. Quedan 65 días. Descontada la jornada de reflexión, 64. ¿Cree alguien que en ese tiempo puede cambiar el estado de opinión de la sociedad? Si no lo cambiaron el Prestige , el cabreo social y la guerra de Irak juntos, tendría que producirse una catástrofe para dar tamaña vuelta a la tortilla. Zapatero tendría que convencernos de que con sus planes dominará al dragón de Ibarretxe. Los jueces tendrían que ponerse a proclamarlo santo por lo que propone para la Justicia. Carod-Rovira tendría que ponerse a dar vivas al Rey y jurar la Constitución Española ante Maragall. Los obispos, pedir el voto para el PSOE desde el púlpito. Y Bush, reconocer sus errores bélicos en una visita a Ferraz. Y dándose todo eso, todavía haría falta otro pequeño detalle: que Rajoy accediese a celebrar un debate cara a cara con don José Luis, y éste le ganase por claridad de ideas, contundencia dialéctica y proyecto nacional. Como esto es, en teoría, lo único posible, llegaremos a las urnas sin debate. ¿O cree alguien que Rajoy va a ser tan generoso que les brinde esa oportunidad? Ni de broma.