Con naturalidad

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

LA TRADICIONAL visita de los Reyes Magos, con la que se pone fin a las fiestas navideñas, ha estado, una vez más, a la altura de lo esperado. Con regalos de todo tipo. Ilusión para los pequeños. Y realidad, en muchos casos cruda realidad, para los mayores. Ayer mismo nos han quitado la ilusión, si nos quedaba alguna, y nos han devuelto a la realidad. Dejándonos un estremecedor balance provisional de las víctimas por accidentes de tráfico. Doscientos españoles, la octava parte gallegos, perdieron sus vidas estas Navidades en las carreteras. Y otro dato. La carretera es ya la primera causa de muerte de los jóvenes. Si el número de víctimas mortales hubiese sido el saldo de un conflicto bélico, hubiéramos vuelto a llenar las calles de pancartas de protesta. Y exigido dimisiones. Pero lo vemos con total naturalidad. Como si del balance de una multinacional se tratase. Asumimos que es el peaje que el coqueteo diario con la muerte nos obliga a pagar. Y ni nos estremecemos cuando nos lo sirven. El establecimiento de severas medidas ha tenido éxito en Francia. Los muertos se redujeron el pasado año de 8.000 a 6.000. Y va camino de tenerlo en otros países de la Unión Europea. Pero en esto también los españoles somos diferentes. El endurecimiento de las sanciones no ha evitado que llegados a este punto sigamos contando los muertos por miles. Ni nueva Ley de Tráfico, ni llamadas a la cordura, ni descarnados spots publicitarios, ni multas, ni límites de velocidad, ni advertencias de puntos negros . Nada ha servido para cambiar la tendencia. Y no la cambiaremos mientras nuestra sociedad siga primando el uso de lujosos automóviles que alcanzan velocidades siderales. Y jaleando a los que logran huir de los radares. Porque este es un problema de cultura. De educación.