PARA SABER lo que nos estamos jugando en España, es conveniente estudiar la Propuesta de Estatuto Político de la Comunidad de Euskadi , así como el Manifiesto para el Reequilibrio Fiscal de Catalunya . Su filosofía es muy sencilla, lo quieren todo sin obligarse a nada, el modelo perfecto del nacionalismo asimétrico. El Gobierno del PNV, EA e IU propone una doble nacionalidad, vascos frente al resto del mundo y españoles para mantener el mercado y la influencia en el resto de España. Tendrán su propia justicia, con una etérea relación doctrinal con el Supremo de España; y se declaran competentes para todas las materias económicas, incluido el sistema fiscal. Para el Gobierno vasco, España es tan sólo un caballo de Troya para lograr la incorporación a Europa como parte formal de España. En Cataluña siguen la vía del independentismo económico fáctico, justificada por un supuesto victimismo fiscal. Dicen que están financiando el desarrollo de Madrid, insistiendo en que sus cuartos no llegan de verdad a otras áreas necesitadas de España. Esta distorsión se encubre por una supuesta razón solidaria interna: el dinero malgastado en el Estado español es necesario para atender a los catalanes menos favorecidos. El Gobierno catalán tampoco quiere la separación formal de España, les basta la real. Lo que quedará de España sigue siendo un mercado importante y una tierra de suministro de inmigrantes cuyos gastos de crianza se realizan en origen y cuya fuerza de trabajo se utilizará en destino. A medio plazo, los nacionalismos asimétricos nos regalarán otras perlas. Si no, al tiempo. El nacionalismo no es buena ideología para el desarrollo, ahora mismo es la razón de su menor crecimiento comparativo. Y cuando se acentúen sus fallos comenzarán las prácticas contrarias a la competencia, los intentos de hacer de sus territorios equivalentes de zonas francas, polos de ventajas asimétricas. Lo lamentable es que la izquierda apoye la carrera de subastas hacia el abismo. La del BNG no es sorprendente, lleva mucho tiempo en la ceguera, aliándose como secundón compañero de los nacionalismos ricos, inconsciente de que Galicia es una de las asistidas por la solidaridad constitucional. Pero la izquierda nació de la unión internacional de los parias de la tierra y el nacionalismo siempre fue un residuo de la historia. Ahora IU está en el Gobierno vasco apoyando la secesión Ibarretxe, y el PSOE se apresta a lo propio con Rovira en Cataluña. Es sorprendente que hayan dejado solo al PP en una reivindicación que está en sus señas de identidad. Al constitucionalismo no le queda el ejército, como amenaza Fraga, sino el caudal de votantes, también vascos y catalanes, que decidan apoyar a Rajoy. Las próximas generales medirán el contrapeso unitario del nacionalismo asimétrico. Y las nuevas torpezas de los barones socialistas, de Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha, no hacen más que polarizar el voto útil hacia su adversario principal.