El próximo jueves, con La Voz, una nueva edición de la Guía de Másters de Galicia
TAL DÍA como hoy en Estocolmo la noche se llena de luz. Tal día como hoy miles de muchachas saludan al padre invierno con coronas luminosas que ciñen en sus cabezas. Tal día como hoy en Estocolmo la noche se vuelve día, y el solsticio primero proclama que ya se adivina la cercanía de la luz que despereza al hombre y acaricia con mimo el manto blanco de nieve que cubre el verde intuido de la naturaleza dormida. Porque la nieve, para los habitantes del norte, es una mujer. Y por Noruega y en Suecia, en Finlandia la nieve es un paisaje presente en todas las sagas, un decorado permanente para contar historias, es el invierno. Ya está aquí la invernada, la invernía, el invierno. Llegó por los caminos del otoño, llamando a las puertas de diciembre, con su cortejo de fríos, con el aldabonazo de aguas y de vientos levantando las enaguas de la mar, llenando la mar de estaño, dejando un cielo de plomo que se va derritiendo en chaparrones y aguaceros, en las tormentas y galernas de diciembre hasta que llegan las heladas, las heladas noches navideñas sembrando de rocío los campos y los tejados, como si Dios moliera las estrellas como quien convierte el trigo en harina. Ya está aquí el invierno anunciando que concluye el año, dejando que el frío arribe como una goleta que llega a un puerto. El invierno es noche y es silencio que cruza el viento silbando extrañas melodías. El viento de enero que viaja el país a galope, viento peregrino que no busca ningún destino y que recorre Galicia desde los cuatro pliegues en los que dobla sus confines. Dibujo con palabras una postal del invierno y pongo a un viajero que busca posada y se ha perdido. Al fondo se ve una casa. La chimenea da cuenta y razón humeante de que en el hogar hay lumbre y en la lumbre se preparan las viandas que han de reponer al viajero de su cansancio, de su hambre. La postal amanece y se hace noche, la postal es un día entero, es todo el invierno. Y abro la puerta de la casa y veo el fuego que hubo de inventarse en un día como éste, en una mañana fría de diciembre. Y mi devoción por las historias antiguas que no vienen en los libros, me enseña que aquel fuego lo custodian cuatro dioses. Acaso los mismos de los cuatro evangelios, de las cuatro esquinas de la tierra cuando los continentes eran cuatro y cuatro los océanos, y todo esto cabe en la postal y en la casa que está al final del camino. Y se ve lejano el valle y una fuente. Hay carámbanos en los tejados y el humo está quieto, más bien parece detenido. El humo es azul como la mañana, está tejido con lanas de todos los colores del tornasol cuando es la tarde pregonando la llegada de la noche. De madrugada el humo viaja con la brisa y se escapa de la postal. De madrugada la postal es sólo invierno. Tal día como hoy el calendario de los santos celebra que en la cristiandad es santa Lucía, que tiene nombre y memoria de canción. Tal día como hoy miles de velas rompen la noche oscura de Estocolmo, la luz navega por los canales, la luz es un canal de luces rubias, luces blancas, blanca noche, luna blanca en las coronas de brezo que ciñen las cabezas de las muchachas. Tal día como hoy, trece de diciembre, en Estocolmo el invierno es niño y toda la ciudad saluda con cánticos que vienen de lejos, y hay constancia que en esta parte de la tierra hizo parada y fonda el invierno.