ES UNA de esas pocas ocasiones en las que todos salen ganando. Gana el PSOE porque se hace con la presidencia de la Diputación coruñesa. Gana del BNG porque demuestra una responsabilidad honrosa. Gana el PP porque evita hacerse cargo de una institución en crisis y de difícil gobernabilidad. Y gana el electorado porque asiste al fin de un episodio lamentable. Porque, como aseguraba Enrique Tierno Galván, el triunfo en política es la suma del sentido común y la capacidad de liderazgo. La elección de Salvador Fernández Moreda como presidente de la Diputación de A Coruña ha sido el triunfo del sentido común. Además del primer obstáculo importante que ha tenido que salvar Anxo Quintana, desde su elección el pasado domingo. Y lo ha hecho con destreza. Cualquier otra decisión, que no fuera la de propiciar lo que ha dado en llamarse coalición progresista , hubiera sido un error con difícil justificación, e imposible marcha atrás. Es cierto aquello que decía don Antonio Cánovas del Castillo de que en política «no hay más alianzas que las que trazan los intereses, ni las habrá jamás». Y los intereses, en este caso, no nos engañemos, también han jugado un papel decisivo. Pero no por ello hay que condenar el acuerdo. La responsabilidad de los nacionalistas y la generosidad de Pérez Mariño al aceptar someterse a una moción de confianza en Vigo, han servido para sellar, eventualmente, el capítulo. Aunque no para cerrarlo. Las relaciones entre socialistas y nacionalistas siguen siendo tan difíciles como lo eran la pasada semana. Lo de ayer no es más que un diminuto primer paso. Solventado, con serenidad y responsabilidad, han de abordar en profundidad el futuro. Y demostrar que Galicia tiene una alternativa de gobierno. Creíble. Y dispuesta a no dar espectáculos como los que acabamos de soportar.