SE ESCRIBIÓ aquí mismo hace una semana, anticipando lo que se evidenciaría tan sólo unas horas después: Gallardón no tiene química con la presidenta Esperanza Aguirre, que era uno solo de los argumentos que desarrollaban el título del artículo («Gallardón se aburre»). Después de los acontecimientos vividos y a pesar del arabesco lateral (puro principio de Peter ) con el que ayer la presidenta despachó el asunto (medalla de oro de la Comunidad para Gallardón, encargo de un retrato al óleo para ser colgado en la exigua galería de quienes gobernaron la Comunidad y estatuto de ex-presidente), caben algunas preguntas que de momento no tienen respuesta: ¿Se merecía el ex presidente ser condenado al silencio en la toma de posesión de su sucesora, después de doce años -cuatro en la oposición y ocho al frente del gobierno- en la Comunidad de Madrid? ¿Contradice este gesto -que los anti-Esperanza se han encargado de atribuir rápidamente a la presidenta- la vocación, la convicción y la política -que también se verá bien pronto, por encima de las promesas- liberales todas de la señora Aguirre? Reducido por el candidato Rajoy a categoría de anécdota el/los incidentes personales/institucionales entre los dos mandamases de Madrid, ¿será tratado como tal anécdota por Pío García Escudero, presidente de los populares madrileños y teniente de alcalde de Gallardón en el Ayuntamiento de Madrid, lo que le convierte en su secante ? ¿Ha utilizado Aznar a Gallardón para que le gane la alcaldía de Madrid o para neutralizar sus legítimas ambiciones en un puesto que, por institucional y altamente representativo, deja poca cobertura para zascandilear, algo imprescindible en la política? ¿Cuál va a ser el verdadero papel de Ana Botella, también concejala de Gallardón pero sobre todo esposa del presidente Aznar, en la evidente crisis que el choque institucional/personal ha provocado? Si como se rumorea, Rajoy incluye en la lista por Madrid al Congreso de los Diputados en las próximas legislativas de marzo al ex-alcalde Álvarez del Manzano, ¿lo considerará Gallardón casus belli después de la falta de química que tuvo con él? Y una consideración, aun a costa de corregirme a mí mismo: a ver si Gallardón, del que yo afirmé que le aburre la alcaldía, empieza a divertirse con todo esto.