EN EL PRESUPUESTO de Interior del Gobierno vasco para el 2004 figuran 80 millones de euros como gasto anual para escoltar a los amenazados por ETA en el País Vasco. A ello habrá que añadir lo que gastan los ayuntamientos y el Gobierno de España, dado que cada Administración tiene un grupo de personas a las que proteger. Pero, ¿se han preguntado ustedes qué pasa con ETA? Incluso, ¿qué pasa con la llamada kale borroka ? ¿Cómo es que desde hace meses los incidentes de la violencia que promueve el MLNV han disminuido tanto? Las fuerzas de seguridad del Estado han seguido capturando etarras, antes de actuar. Pero, tenemos razones para sospechar que ETA no actúa por alguna razón que va más allá de las dificultades para la organización que suponen la colaboración internacional, la información para su detención y la propia eficacia policial. Hay razones para pensar que entre PNV y ETA puede haber alguna «coincidencia» que promueva un tiempo para que el plan de Ibarretxe no coincida con la intervención de ETA. Algo así como una tregua técnica. Lamentablemente, mientras haya ambiente cultural habrá cantera para nuevos comandos; otra cuestión es la oportunidad calculada para sus silencios, que otras veces han coincidido con procesos de reorganización, debates internos, sospechas sobre la existencia de topos , y cambios en los lugares en los que se instala el alto mando que dirige los operativos. Pero esta vez puede ser que, tal como dijo Otegui en el Parlamento vasco el día del debate del plan Ibarretxe, «aquello era lo que la izquierda aberzale estaba esperando desde hace años». Por otra parte, la anterior tregua trampa generó una enorme esperanza en una sociedad vasca harta de estar harta de tanta violencia. A partir de una tregua, sin declarar, que muestre un debate sobre el soberanismo, sin violencia, en que el PNV pide negociación política a los demás, pueden darse todos los ingredientes políticos y psicológicos para la victoria del PNV. La historia reciente muestra que, el nacionalismo ha sabido utilizar la violencia para negociar en Madrid o para crear el ambiente miedo-esperanza que más le convenía en la sociedad vasca. Llevamos tantos años entre malas noticias que un día nos dirán que el muro de la violencia vasca ha sido derribado por la cultura de la tolerancia, y nos costará mucho creerlo. Por cierto, ese día, ¿de qué van a vivir algunos?