La estrategia del terror

OPINIÓN

23 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

LOS ÚLTIMOS atentados de Al Qaida en Turquía, la sangría humana que continúa en Irak, el rechazo británico en la visita de Bush a Londres y la pérdida de apoyo de éste en EE.?UU. parecen acreditar que, lejos de acercarnos a la paz, la beligerancia de la Casa Blanca no ha hecho más que aumentar los enconos. Un resultado que empieza a considerarse muy adverso en el corto plazo, y muy poco o nada prometedor en el largo. El terrorismo no sólo no está siendo doblegado, sino que, en una diabólica espiral, se ha extendido a Arabia Saudí, Marruecos y ahora a Turquía. El prestigioso analista Robert Fisk recordaba en el diario británico The Independent que las amenazas de Al Qaida se están cumpliendo. Según él, los australianos pagaron en Bali su apoyo a Bush, los italianos lo pagaron en Nasiriya, los británicos en Turquía, y los turcos en sus propio país, víctima de sañudos atentados. ¿Quién queda a salvo entre los amenazados? Fisk asegura que solamente Canadá, antes de que vuelva a ponerse en marcha una nueva ronda de castigo contra los ya afectados. No cita a España, es cierto, pero yo creo que también es el momento de alertar los sistemas de seguridad en nuestro país. Por si acaso. La política exterior de Estados Unidos es cada vez más confusa, pero la de Bin Laden, no. El líder terrorista tiene claros sus objetivos: combatir a los cruzados (los angloestadounidenses y sus aliados), destruir a los países no suficientemente islámicos (Turquía y Marruecos) y convertir a Irak en una ciénaga de la que nunca se puedan retirar con dignidad los ocupantes. Bush no puede quejarse de que el programa del Mal no esté claramente enunciado. Bin Laden busca una confrontación fieles-infieles fácil de entender en el mundo islámico. ¿Cómo hacerle frente? Primero, creyéndolo. Segundo, aceptando el desafío político-terrorista que representa. Bin Laden va a por sus enemigos porque sabe que éstos van a por él. Tan simple. Pero todo parece indicar que Bush sigue buscándolo en el lugar equivocado y de la forma que al terrorista más le conviene. El presidente de EE.?UU. necesita que lo ayuden a acertar, no a hacer más guerras.