CARLOS G. REIGOSA | O |
21 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.DESPUÉS de conocer los resultados de las últimas elecciones en Cataluña, son muchos los que han vuelto sus ojos hacia el veterano presidente Jordi Pujol, el político que se va, después de veintitrés años al frente de la Generalitat. La pregunta que muchos se hacen podría formularse en los siguientes términos: ¿Es posible seguir evitando la formación de un frente nacionalista, como hizo Pujol con gran habilidad durante sus mandatos, o ha llegado la hora de rendirse a la aritmética parlamentaria y probar opciones en apariencia de menor estabilidad institucional? Tuve la oportunidad de estar con Pujol en algunas ocasiones y participo de la opinión de quienes lo valoran como un político inteligente, bien informado, pragmático y con sentido de Estado. Quizá por ello, y sin que sea muy visible, colabora en estos momentos en la búsqueda de una salida que excluya la radicalización y permita la continuidad de su «fórmula mágica», que podría traducirse en un Gobierno en minoría de CiU, con acuerdos puntuales con otras fuerzas. Pujol sabe que Cataluña es clave en la política española, y también sabe que el escenario en el que se mueve es uno de los más complicados. Por eso es tan importante su experiencia.