LOS PARTIDOS políticos son monoteístas de sí mismos; sería absurdo que no lo fueran, y se volverían locos si lo fueran, cosa que también sería absurda, si no grotesca. Vivimos en un mundo hipotético, condicional y circunstanciado, sobre el que se cierne una cierta dosis de determinismos y una cifra misteriosa de sorpresas donde se dan cita ese tipo de fenómenos en los que el efecto puede ser distinto y remoto a su causa. Somos parte de una naturaleza con la que aprendemos a negociar mediante el instinto y de la que pretendemos una serie de coincidencias con nuestros deseos e intenciones. A esto último llamamos razón, y de ahí que nos parezcan razonables todos cuantos concurran con nosotros en aquellos puntos y procesos de los que pretendemos -o suponemos haber logrado- una coincidencia entre lo que ocurre en la naturaleza y lo que pasa con nuestros deseos e intenciones. En ese mismo sentido, tendemos a hablar de la Naturaleza y de la naturaleza de las cosas como si no formáramos parte de una y de otra. Es muy probable que la explicación de ese modo tan humano de ser tenga que ver con el hecho pasmoso de que el hombre sepa que ha de morir, y lo sepa sin volverse loco. Sería absurdo nacer para volverse loco, al igual que grotesco, y sumamente peligroso, un mundo de locos. El lenitivo o el antídoto para tan crucial amenaza de locura es el monoteísmo, invención tan razonable como imaginativa, cuya cúspide es una maquinaria de rayos y truenos para quien no conciba esa razón, y un balneario de piedad, misericordia, huríes y masajes para quien haya acertado en la razón de semejante consuelo. A los partidos políticos les pasa lo mismo. Y a eso voy. Son tan humanos y tan desarrollados y modernos -digo y quiero decir modernos , en contraposición a la antigüedad del paganismo, el ateísmo e, incluso, el agnosticismo- como para ser monoteístas de sí mismos. Lo único que comparten es esa naturaleza en la que se ven cuando están en campaña, esa intemperie del aire libre donde los mítines revisten toda la forma, el ritual y la liturgia de, precisamente, una misa de campaña. Ahí, en esa intemperie que es siempre territorio de misiones, se nutren unos de otros como se nutren los monoteísmos. Moisés nutrió a Cristo que nutrió a Mahoma, pues los profetas saben bien lo que se hacen (y algunos más que otros, porque son más que profetas). El hinduismo nutrió a Buda que nutrió al hinduismo. Hay círculos viciosos cuyo vicio se hace virtud en cuanto se nutre de la necesidad que es la madre de todos los vicios pues, una vez resuelta, nadie quiere que se repita su incómoda presencia de huésped importuno . Por eso es bien cierto que tan sólo Dios se nutre de sí mismo, como saben los budistas, quizá por ser los únicos que no creen en Dios. Casi todo el mundo dice que Esquerra Republicana de Catalunya se nutre de CiU y del PSC. Pero no es eso lo más cierto. Carod-Rovira, su muy avezado líder, dice que su partido viene de aquel Estado federal ibérico de 1931, y va «al espacio europeo». Pero si por tal espacio se refiere a la Unión Europea, su decir es ligeramente torticero, pues en ese espacio no está Suiza, por ejemplo; aunque puede que no sea eso lo que quiere decir, y que el torticero sea yo. En cuanto a aquel Estado federal ibérico, ni fue nunca federal ni contó jamás con Portugal (algo importante en Galicia, sin ir más lejos). Por esa vía para señalar la naturaleza de las cosas es por la que ERC pretende nutrirse de sí misma, y hacerse un Dios, el dios que todo lo pueda. Es un régimen alimenticio que requiere una gran dosis de fibra, pero ya se sabe como comen los budistas.