ANIVERSARIO del hundimiento de un petrolero. Uno de tantos barcos con cargas potencialmente agresivas para una costa mágica, rica en seres vivos y con las playas más hermosas de la península Ibérica. Desde A Mariña luguesa, hace un año, pedíamos a Maruxaina que soplara de tierra a mar, y que nuestro viejo y querido nordeste se tomara unas vacaciones por otros pagos. Lo peor de aquello, la impotencia contra la marea negra. Lo mejor, como se juntaron las manos y los acentos de las gentes, para luchar solidariamente contra la contaminación de nuestra Galicia. Hoy el chapapote ha desaparecido de nuestras playas. Volvemos a disfrutar con el espectáculo de grandes y pequeños arenales, blancos por el caolín, brillantes por la mica del granito que deshace la fuerza de la marea. Nos molestó perder las banderas azules. Nos molesta más que algunos hayan aprovechado el aniversario para amenazar con historias poco rigurosas sobre los alimentos procedentes de nuestro litoral, poniendo en grave peligro la gastronomía, que constituye una de las tarjetas de presentación de nuestra tierra y sus potencialidades económicas. Mala leche. Oportunismo para ser titular con escándalo. En la dinámica de la telebasura, que conforma una manera de hacer. Pues no señor. Cada cual debe defender el camino a la verdad, aunque sea por aproximación. Pero, confundir contaminación con impregnación insalubre capaz de llevar al cáncer constituye una puñalada trapera. Les invito a que corran conmigo, a la bajamar, por las playas de Esteiro, San Román, Area... O que me acompañen a levantar gaviotas en O Torno, Lago y Abrela. Seguro que no encontramos chapapote. Como les invito a comer en Vilela, Bares, San Ciprián, Ribadeo, percebes de Xarón y de Os Farallóns; lo mismo que les garantizo calamar, chicharro, nécora, camarón, almeja y lubrigante, de la zona. Ejercicio de defensa de nuestras tripulaciones de Burela, Foz, Rinlo, San Ciprián y Celeiro, que no están por la labor de salir a la mar y perder la costera por causa de algún profeta con despacho en Madrid. Seguro que en todos los puntos de la costa gallega, cantábrica o atlántica hay gentes que me comprenden y están dispuestas a predicar con mi iniciativa. Vamos, que ya está bien de dar el turre con malas noticias de una Galicia que tiene mar y gentes, capaces de levantarse ocho veces, si se han caído siete.