ES NOTIZIA el enlaze prinzipesco de Letizia y con tanto ZZ no matamos ni una mosca, pero fardamos más que con la noticia del enlace principesco de Leticia . Queda así despachado el folio de hoy con respuesta al lector preguntón de si Letizia es con ce o Leticia es con zeta . El preguntón ha de saber, para ejemplo y paralelo, que desde siempre hemos tenido en uso, poco uso, el nombre bíblico Jonatán, pero ahora menudea con las triples galas que lo han hecho Yónathan, es decir: 1) Y por J , para evitar un sonido áspero y propio de voces soeces y carpetovetónicas como ajo, carajo y otras que el pudor me impide nombrar porque riman con Torrelodones. 2) Con th en lugar de la cutre y escuálida t, con lo cual resulta Yónathan más pathético y simpáthico , por citar sólo dos de entre las muchas formas que podríamos engordar y fardar con th etimológica . Sophia Loren y Raphael supieron muy bien que una hache dejada caer a tiempo tiene su aquél y mola mogollón. 3) Y lo mejor de Yónathan es su acento de intensidad inicial, su esdrújulo anglicismo, fardón donde los haya, a la moda que hace años consagró Jésus Hérmida en télevision y convirtió al agudo y catalán Raimón en Ráimon. Y volvemos a Letizia, un nombre que empieza a menudear, pero en mis años mozos se agotaba con recordar un par de Letizias, creo que madre y sobrina de Napoleón: ambas eran Letizia con zeta porque era corsas y me sospecho que son el modelo para que la zeta farde más que la ce. La otra leticia que me suena de cuando todavía no habíamos cruzado el Mississippi estaba todavía en latín y en letanía: Causa nostrae laetitiae era uno de los piropos a María que en el parvulario de Sor Julita cotorreábamos todas las tardes sin saber qué decíamos, pero sí que eran divinas palabras. El tratado de libre asociación entre Doña Letizia y Don Felipe, tratado que parece más viable y de mejor futuro que el que se propone Ibarretxe con España, me pilla releyendo a Joyce en sus deliciosas memorias colegiales, que también recuerdan cómo debullaba letanías... Turris Eburnea, Domus Aurea... que, dice él, los protestantes no podían entender porque, digo yo, habían echado por la borda una montaña de sentimiento y de estética. En cambio, que alguien sea causa nostrae laetitiae y que una mujer se llame Leticia, es decir, Alegría, lo entiende y celebra todo quisque. El nombre farda y suena bien, pero sus blasones etimológicos no están a la altura de lo que se nos viene encima. La alegría que para los romanos era laetitia viene del léxico agrícola y ganadero, deriva del adjetivo que celebra las cosechas a lo grande y los ordeños abundantes, es la alegría que en gallego podría ser farturenta, de enchente. Y no se me mustien con que no sea la alegría de leer a Garcilaso, contemplar a Boticelli o escuchar a Zapatero. Esos goces superiores se nos dan por añadidura, pero en el comienzo del diccionario están las trécolas prosaicas y peseteras de todos los días.