COMO si fuera un sarcasmo para Rafael Simancas, que había elegido como leit motiv de su campaña el Para que gane la democracia, en efecto ganó la democracia en las elecciones en la Comunidad de Madrid. Un sarcasmo porque, por analogía, habría que deducir que si en la singular segunda vuelta del domingo estaba en juego la democracia, ésta había sido derrotada el 25 de mayo por la actitud de dos truhanes que iban en la lista de Simancas, que no supo o no quiso dar explicaciones suficientes y convincentes de lo ocurrido. Y es aquí donde está la clave de la derrota del candidato socialista. Pero la democracia no ganó porque ganara Rafael Simancas, que está claro ha sido el gran perdedor, sino, entre otras cosas, por la participación, inferior desde luego a la del 25 de mayo pero mucho más de la esperada no sólo por lo que había caído desde entonces sino por el mal tiempo, el cambio de horario y hasta la temporada de caza. Ganó la democracia porque el electorado supo dar a cada uno lo suyo, a pesar de las promesas de última hora -agónicas, escribirían los cronistas deportivos-, como el transporte gratis para jóvenes y mayores de 65 años o los no sé cuántos miles de viviendas sociales. Ganó la democracia, porque nunca como hasta ahora se celebraban unas elecciones con la prueba empírica de que sólo la coalición de un número de diputados socialistas y de Izquierda Unida superior a los que obtuviera el Partido Popular permitiría la presidencia de Rafael Simancas (y no se olvide que fue el a su juicio desproporcionado reparto de poder en la coalición la coartada esgrimida por Tamayo y Sáez para su tocata y fuga). Ganó la democracia porque el electorado supo leer las sesiones de la comisión parlamentaria de investigación de la golfada de los dos truhanes más allá de lo que unos y otros dijeron. Queda por delante el reto que todo el proceso supone para Esperanza Aguirre, más allá del que habría sido habitual sin la segunda vuelta del domingo. Queda también la asignatura pendiente del patio de vecindad de la Federación Socialista Madrileña, donde las cañas se van a tornar lanzas de un momento a otro, y sería aconsejable que fuera lo antes posible o que no fuera, porque quien se la juega ahora es Zapatero, que aborda a vuelta de hoja de calendario las legislativas del 2004.