Más niños

OPINIÓN

AÑOS atrás escribí un artículo sobre las cosas que hacen los niños, su imprevisibilidad y su increíble don, compartido con el mar y el fuego, para atraer mi atención, especialmente cuando juegan. Podría pasarme horas viendo a un niño jugar. Aquel artículo terminaba con una cita de mi sobrino. Era aún muy pequeño y me dijo, medio pucheroso, que le gustaría tener otro hermanito. Estaba sentado en el suelo de su habitación, rodeado de juguetes. Me interesé: «¿Por qué?». No sé qué respuesta esperaba, pero sin duda una más emotiva: «Para que me ayude a recoger», dijo. Me comentó un lector, después, que el chaval había estado muy profundo, porque un hermano sirve exactamente para eso: para ayudar. Paco Lodeiro nos contó el jueves que, cuando era muy pequeño ya gastaba novia: una vecinita del mismo inmueble. Un día la niña cogió la gripe y la madre de Paco lo envió a hacerle compañía. Paco se encontró a su novia muy pachucha y tan desganada que no quería probar las medicinas. Ya entonces era un caballero este Lodeiro y se ofreció a tomárselas él. Tuvieron que hacerle un lavado de estómago urgente. Los niños tienen el alma nueva, sin pliegues, por eso me da miedo decirles cualquier cosa.