La globalización de la crisis

| ALFONSO DE LA VEGA |

OPINIÓN

13 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

EN TODAS las épocas se ha pensado que la situación mundial era mala, incluso que el fin del mundo pudiera estar cerca. Ahora también existen muchos graves problemas cuya mera enumeración excedería del espacio disponible para esta garita. También hay abundantes explicaciones del presente y profecías sobre el futuro de la Civilización y la Humanidad. Una de ellas es la de Spengler, en la que vislumbraba que, en lo espiritual, el pensamiento abstracto quedaría reducido a una filosofía de cátedra considerada como una ciencia especializada. En lo artístico, se impondrían modas sucesivas como formas del arte de las grandes urbes, desprovistas de contenido simbólico, y profesionalizadas. Mientras en lo político, el predominio del dinero penetrará las formas y soberanías políticas, a lo que sucedería el cesarismo en que la política de violencia vence al dinero, las formas políticas se primitivizan, las naciones se convierten en poblaciones informes, reunidas en un imperio cada vez más primitivo y despótico, con una historia petrificada, un afán de pillaje y la submersión en estados primitivos de la Humanidad, a pesar de vivir una vida civilizadísima en el orden técnico. Es verdad que a la marcha de la humanidad, además de las limitaciones ecológicas y de recursos, estorban la tiranía, los vicios, el privilegio, las malas pasiones o el fanatismo nacionalista, racista o religioso. Pero en una sociedad abierta hay que procurar combatir en el nivel que se pueda, empezando por uno mismo, con nuestra conciencia y nuestra conducta, tales obstáculos, puesto que, aunque el todo sea más que las partes, conviene hacer caso a Séneca cuando nos decía que «quién no sabe dónde va nunca encuentra viento favorable» y al Montano que pretendía que en el hombre está el infinito.