CUANDO PARECÍA erradicada de la América hispano-lusohablante la estirpe del caudillaje, a la espera del final del líder cubano Fidel Castro («el último de los viejos dictadores», en palabras de Alfredo Bryce Echenique), parece surgir una nueva hornada de caudillos populistas encabezada por el presidente venezolano Hugo Chávez, cuyos partidarios celebraron el pasado sábado sus primeros tres años en el poder con una concentración multitudinaria en Caracas. Todos estos nuevos mandatarios tienen en común su origen democrático, aunque el propio Chávez, antes de imponerse en las urnas, intentó la conquista del poder con un golpe de Estado. El presidente argentino, Néstor Kirchner, lo mismo que otros colegas centro y suramericanos, también ha comparecido en la escena impulsado por un proceso democrático que surgió de la tierra quemada que dejaron los guías de la debacle de su país. Lula da Silva, el más indiscutido de los presidentes iberoamericanos de esta hora, encarna asimismo, y a su manera, ese nuevo liderazgo de corte populista, que trata de poner en pie nuevas salidas para los problemas endémicos de su gran nación. Los tres son muy distintos, pero tienen algo esencial en común: la mirada latinoamericana. El disparatado discurso de Chávez, con su propuesta bolivariana para el desarrollo del subcontinente, engarza con el peronismo centroizquierdista de Kirchner y con la defensa socio-económica del Mercosur de Lula da Silva. Las viejas raíces del peronismo, que se hundían en el pensamiento de los líderes que forjaron la independencia, como le ocurría al aprismo peruano de Haya de la Torre, se cruzan en el subsuelo ideológico con las que alimentan al chavismo actual y, de un modo más complejo, al movimiento social y político que encabeza Lula en Brasil. ¿Nuevos caudillos? Chávez ha dado pruebas de querer serlo. Lula ha dejado ver su rechazo de esta fórmula, que no ha dejado nunca grandes conquistas tras de sí. Kirchner duda: ¿se enfrenta al FMI y gana a corto plazo el favor popular o acepta la incorporación de Argentina a las normas de un mundo globalizado? En éstas estamos.