CÉSAR CASAL GONZÁLEZ
12 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.SON nuestra música clásica. Demuestran que con ocho basta. Son los ocho magníficos de Luar na lubre. Los escuché en Carballo, capital de corazones inquietos. Es el son de Galicia que no deja de sonar. Tocan la marea baja de la tristeza en el Lorca de Chove en Santiago y te ponen el corazón hecho un farrapo, na noite escura. Pero tocan la marea alta de los peregrinos y te ponen el alma echa una castañuelas, hai un paradiso no confín da terra. El concierto gustou. De la gaita traviesa de Bieito Romero a los arañazos de gato del violín. De la voz por las nubes de Rosa Cedrón a una percusión de campanillas. Con la cuerda se podían hacer nudos de mar. El folk entra como las caricias, sube como la cerveza, poco a poco, grolo a grolo. Hay algo en esta música de calor de lareira. Las letras forman parte de nosotros, por unha de Camariñas vivo no mundo o achégate a mín Maruxa, ti vas a ser a miña muller, a muller miña. Reivindican, verdes, con el berro de cuidar a terra, a terra somos nós. Luar na lubre cuando se ponen juguetones hacen correr un cadelo blanco de luna, también por la sexta provincia del Bierzo, por el valle de Ancares. No les pierdan de vista. No perderán el oído. Lo que somos. cesar.casal@lavoz.es