Idiosincrasias

| UXÍO LABARTA |

OPINIÓN

01 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

PORTUGAL ha sido para nosotros los gallegos el país observable. Referencia para nuestra propia evolución. Oportunidad para descubrir lo diferente, lo exótico, lo europeo e incluso el sur. Adelfas entrando en Lisboa. También, en su tiempo, la libertad. Portugal fue para tantos de nosotros un esforzado ejercicio de aproximación y aprendizaje autodidacta, de descubrimiento y de hechizo progresivo. En la adolescencia se dejaba entrever en las damas y caballeros, llegados en llamativos coches con mecánico, que buscaban cura para las dolencias del hígado en los manantiales de Lagostelle, o en el descubrimiento adolescente de los parques católico-forestales como el Bom Jesus, o en las mujeres y niños descalzos caminando por las sorprendentes estradas adoquinadas, o el encuentro con Porto, la ciudad. Portugal fue el mundo asequible donde perderse, descubrir y vivir la sorpresa. Recuperar la libertad o asistir a los restos de un imperio decadente, encontrarse con la pluralidad de lo multirracial, sentirse cómodo en un buen vivir de descubierta a través del vino, la tienda de campaña, la pousada , el bacalao -aquel bien distinto bacalao-, la cortesía y la cultura anglosajona, las termas o el casino. Portugal como oportunidad de aproximación a una vida burguesa de acomodo. Portugal, desde la esperanza de la revolución de los claveles a las zozobras de su evolución y asentamiento democrático. Portugal donde hemos sido capaces de observar, ya que no en nosotros, los beneficios de la integración en la Unión Europea. Portugal, donde la mítica flota de doris bacaladeros, en la que los hombres pescaban en Terranova a cambio de no ir a la guerra colonial, desapareció en la niebla de las zonas económicas exclusivas sin empresas que pretendieran heredar su épica. Y allí, en Portugal, sobre todo, los portugueses, gente calma, eficaz y amiga, con la que es posible la convivencia, el aprendizaje, la solidaridad y el civismo. Portugueses no sospechosos, como evidencia la consideración que de ellos tiene su empresa concesionaria de autopistas, que con años de adelanto tecnológico, permite circular por vías de radiopago sin por ello tener que poner cámaras de vídeo y barreras impredecibles como ha hecho nuestra Audasa con nosotros los gallegos. Portugueses, nuestro envés, en el resiste meu amor, resiste de Luis Cilia y en el piano de Maria João Pires. Portugal, para vivir demoradamente, tal que viajeros de Saramago.