Cifras y letras

ASSUMPTA ROURA

OPINIÓN

HAN DICHO en el telediario que la lengua española es una industria de primer orden. Da más dividendos que el turismo. Dieciocho mil millones de euros es la cifra aportada. Que año tras año aumenta el número de alumnos extranjeros matriculados en cursos de verano para aprender esta disciplina. A los gastos propios del curso hay que añadir los del alquiler de habitación, comidas y ocio. También los libreros sacan beneficios de la lengua española y no solamente porque a algunos de estos estudiantes de cursillos de verano les dé por leer El Quijote sino porque son muchos los turistas propiamente dichos que, siempre según el telediario, compran algún diccionario y, en el caso de los más jóvenes, algún clásico en edición de bolsillo. Es una buena noticia pero conviene no tener prisa por cantar victoria. En primer lugar porque una cosa son las cifras y otra cosa son las letras. No lo perdamos de vista. En el caso de las cifras existe una responsabilidad política. Hablamos de una industria que es patrimonio de todos y la mala gestión ha de ser denunciada como ha de serlo cualquier industria contaminante. Ya que tanto les preocupa a los señores del actual gobierno la buena salud del idioma, mayor atención deberían de poner en diseñar una política de servicios que garantice, a corto, medio y largo plazo, la continuidad de la industria que lo promueve. Tenemos la experiencia del turismo. Kilómetros de paradisíacas costas en el Mediterráneo son hoy una mole de cemento, no aptas para menores, que ni la especulación justifica y que más parecen haber salido de mentes macabras que de alguien en su sano juicio. En las costas del Mediterráneo se empezó alquilando, a precio de suite, el cuarto de los trastos y acabó con todo vale luego nada es importante. No vale que tras años de sadomasoquismo intercultural, con el consecuente estropicio irreparable, no importe cómo recibamos a quienes enriquecen nuestra multiculturalidad y acreditan nuestra lengua. Intercambiar se hace entre iguales. No significa servilismo ni tomadura de pelo. Que nos traigan a Shakespeare y a Rilke a cambio de Cervantes y Machado. Y que a la señora ministra del ramo no se le olvide que es cultura el botellón y el trapicheo como lo es la gramática y los buenos servicios. A ver qué vende.