EL PASADO 15 de mayo se celebró en Viena la reunión de la Organización Internacional de la Energía (OIEA), cuyo director general es curiosamente el árabe Mohamed El Varadle. Allí se decidió solicitar a Irán permiso para que los inspectores de la ONU puedan visitar las instalaciones nucleares y comprobar que los planes atómicos son de carácter civil y no militar. También la Unión Europea acaba de requerir al Gobierno de Teherán que facilite las inspecciones, bajo amenaza de sanciones de tipo económico y comercial. Existen suficientes indicios para sospechar que Irán necesita reforzar su capacidad de disuasión militar. En primer lugar el régimen islamista-revolucionario de los Ayatolás se está quedando aislado y ya han comenzado las primeras protestas estudiantiles con bastante intensidad. En segundo lugar, el periódico sur-coreano Joon Ang Ilbo denunció recientemente el transporte de misiles de alcance medio desde Corea del Norte a Irán por vía aérea. Por último se observa la relación especial que tienen estos dos países que se ven obligados a mantener una misma línea estratégica por pertenecer al llamado eje del mal que estableció Bush. Estos son los indicios que llevan a suponer que en Irán está pasando algo nuevo y peligroso para la paz mundial. Por un lado Estados Unidos y Europa piden que los inspectores vayan a Irán, mientras que por otro, Francia destruye las organizaciones de oposición al régimen de Teherán y Rusia declara que este país es un buen cliente y van a continuar con sus apoyos a la nuclearización de Irán para fines civiles, por supuesto.