EN LAS ELECCIONES del día 25, el BNG compitió, obvio es decirlo, con el PP y el Partido Socialista. Todo indicaba en esas fechas que lo haría, además, con la notable ventaja de salida que previsiblemente debería haberse derivado de su gran protagonismo en las movilizaciones producidas tras el hundimiento del Prestige . Las locales demostraron, sin embargo, algo a lo que los partidos deberían estar ya bien acostumbrados: que una cosa es predicar y otra rentabilizar las prédicas en votos. Los ganados por el Bloque el día 25 no pudieron evitar el fiasco de sus derrotas en Vigo y en Ferrol, derrotas que han colocado al BNG justamente en donde estaba antes de que tras el hundimiento del barco malhadado emergiera la esperanza de que era posible acabar con la hegemonía del PP: el BNG está otra vez ensimismado. ¿Quién lo desensimismará? El desensimismador que lo desensimisme buen desensimismador será. Ese parece ser el objetivo que se ha fijado el Gary Cooper de la política gallega, Camilo Nogueira, que, otra vez solo ante el peligro, se atreve a abrir de par en par las puertas del saloon para contarle a sus parroquianos que las cosas están mal y que no mejorarán si los que podrían echarse al ruedo se quedan en su casa axexando detrás de los visillos. Pues esa es, exactamente, la imagen que, de nuevo, proyecta el BNG: la de un partido donde nadie quiere dar un paso al frente, temeroso todo el mundo de que los hermanos Dalton que controlan la región monten la de Dios es Cristo en el poblado al grito de «yo de ti no lo haría, candidato». A Nogueira no parecen asustarle, sin embargo, las bravuconadas de los Dalton: ha jugado con ellos a las bolas desde joven y se los conoce como pocos. Nogueira es además una rara avis en la política gallega, pues, llegado el caso, podría irse a su casa tan tranquilo sin que por ello se resientan su vida personal o su situación patrimonial. En una palabra: es libre para hablar. Por eso lo hace, resaltando aún más, así, el silencio indecoroso de la procesión dos caladiños en que se ha convertido la dirección del BNG. Su larga experiencia y su buen conocimiento de la política gallega han llevado quizá a Nogueira a convencerse de lo que algunos vemos, fuera del BNG, desde hace tiempo: que aquél compite desde hace mucho, sobre todo, contra sí mismo. Y que, por ello, la imagen que proyecta a una sociedad gallega que está hasta el gorro del llamado problema nacional, depende decisivamente de la imagen de su líder: la de Nogueira es de las mejores que el BNG tiene ahora disponibles. Pero, ¿qué se juegan?, no será Nogueira el candidato. ¿Que por qué? Pues porque los Dalton no le dejarán.