EL PRIMER ministro israelí, Ariel Sharon, tuvo éxito en su día al descalificar a Yaser Arafat como el interlocutor capaz de coliderar el proceso de paz en Oriente Próximo. Los promotores de la hoja de ruta le prestaron oídos con el convencimiento de que así se facilitaba el camino hacia un nuevo horizonte en el que se vislumbraban dos Estados en pie de igualdad, conviviendo en paz y con unas fronteras seguras. Una especie de sueño exterior , porque ni palestinos ni judíos acaban de creer en la proximidad de esa esotérica y maravillosa disneylandia. Sin embargo, el objetivo figura en la hoja de ruta , y judíos y palestinos se han comprometido, con más o menos fe, a avanzar en su entendimiento hacia un acuerdo final. Pero, entre tanto, el camino se atiborra de obstáculos con una facilidad sólo comprensible si se tiene en cuenta el viejo y rudo encono del que se viene. Y Ariel Sharon, el veterano halcón judío, no es el hombre decidido a apagar el fuego. Sabe que tiene enfrente a muchos palestinos (ahora encabezados por el primer ministro Abu Mazen) hartos de un conflicto que no tiene visos de terminar, pero prefiere fijar su atención en los radicales de Hamás y compañía, con el asesinato selectivo de sus dirigentes, en represalia por actos terroristas contra intereses israelíes. ¿A dónde se va por este camino? A donde se estaba antes de la propuesta de la hoja de ruta . Sharon se ha enrocado y no mueve una pieza que no sea en respuesta al comportamiento de los extremistas palestinos. Ahí se agota su voluntad de fomentar avances. El Cuarteto (EE.?UU., UE, Rusia y la ONU) se ha dado cuenta y le ha pedido que controle esa especie de aplicación unilateral de la ley del talión, de modo que acredite su voluntad de no obstaculizar el plan de paz para la zona. Sharon ha contestado con rotundidad: seguirán los asesinatos de presuntos terroristas mientras sigan los ataques contra su país. Y Hamás ha clamado venganza por el último líder abatido en Cisjordania y ha anunciado más atentados. La ola de violencia se intensifica y Sharon se ha revelado incapaz de ofrecer ninguna nueva respuesta. Es ya más un estorbo que una solución.