La carretera otra vez

| JOSÉ VARELA |

OPINIÓN

LA MUERTE de cuatro jóvenes en Ponteareas en un nuevo accidente de tráfico pone de relieve la persistencia de uno de los más graves problemas de nuestra sociedad. El pertinaz goteo de vidas que se cobra el tráfico diariamente no puede conducir a un grado de insensibilidad que derive en la consideración fatalista del fenómeno. Es preciso rebelarse. Individual y colectivamente. Descorazona comprobar cómo sólo las episódicas sacudidas emocionales obligan a detenerse en la necesidad de prestar más atención a una cuestión que empieza mucho antes de la obtención del carné de conducir. No es casual que la mayor parte de las víctimas se cuenten entre la juventud y que la punta más trágica de la curva de siniestros se concentre en los fines de semana. Pero si hay países en el entorno europeo en los que las estadísticas no tienen los gruesos trazos luctuosos que las caracterizan en España es que todavía queda margen para la esperanza. Un margen incompatible con la desidia.