Razones todavía ocultas

OPINIÓN

SE PUEDE ser de izquierdas y haber apoyado la guerra de Irak. Se puede ser de derechas y haber estado en contra de ella. Esto es algo difícil de digerir en nuestra querida Europa, quizá porque, como dijo Mario Vargas Llosa, no nos damos cuenta «de la grotesca inanidad que han alcanzado los conceptos de derecha e izquierda en nuestros días». Pero es la realidad. Sin embargo, y más allá de esa inanidad, no se puede ser honradamente de ninguna adscripción política sin desear el total esclarecimiento del proceso de inculpación que justificó la guerra de Irak. Las ideologías, tan desmejoradas, deben detenerse en el umbral de algunas preguntas y exigir unas respuestas fiables. De lo contrario, nos deslizaremos por el tobogán del «todo vale» y la población percibirá a sus políticos como un hatajo de cínicos al servicio exclusivo de sus conveniencias. No se puede desinventar la guerra de Irak, no se puede desandar su curso, pero sí se pueden conocer las razones por las que se hizo. Y aquí viene lo más sorprendente y pintoresco. Porque, más allá de la escasa o nula credibilidad de los informes sobre las armas de destrucción masiva que avalaron esta guerra preventiva , nadie ha desvelado aún las auténticas razones que la hicieron inevitable. Y quizá nunca se revelarán, porque para ello habría que admitir más intereses y más compromisos que los de Washington. Y esos intereses probablemente llevarían los nombres de Arabia Saudí, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar y quizá Omán. El silencio guardado por todos ellos debiera haberse entendido como sobradamente elocuente. Los dirigentes de estos países sí que temían a Sadam Huseín y lo consideraban un claro elemento de desestabilización en la zona. Su sola existencia era un aliento permanente a la disidencia y, lo que era peor, al terrorismo. La derecha y la izquierda han medido sus fuerzas en este conflicto. Era una oportunidad. Pero ya es hora de que manifiesten un deseo igualmente intenso de explorar el territorio de la verdad (en medios y fines), para dejar de jugar al escondite con los informes secretos y desvelar las razones todavía ocultas de la guerra. Es lo que está ocurriendo en Londres.