Una constitución para Europa

OPINIÓN

17 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

EL PRÓXIMO viernes en Salónica (Grecia) el presidente de la Convención Europea, el francés Valery Giscard d'Estaing, presentará a los líderes de los Quince el proyecto de Constitución Europea, que supone el primer gran paso hacia la unión política, con un nuevo reparto del poder acorde con una UE formada por 25 Estados (27 a partir del 2007). El texto resultante es el fruto de 15 meses de debates intensos (países grandes contra pequeños, federalistas contra partidarios del Estado-nación, atlantistas contra hipereuropeístas, etcétera), con un saldo global aceptable para todos, aunque cada país guarde todavía una bala dialéctica en la recámara para intentar mejorar su posición. Ha llamado la atención, en el proceso, la relativa facilidad con la que se han logrado algunos acuerdos en principio difíciles, como la ruptura del equilibrio de poder entre Francia y Alemania. La clave ha estado, sin duda, en el entendimiento y la estrecha colaboración entre París y Berlín, verdadero eje que posibilitó rápidos avances, no sin provecho para ambos países. Por el contrario, España ha visto desmejorada su representación respecto de la conseguida en la cumbre de Niza del año 2000, y no falta quien vea en ello una sutil venganza franco-alemana por la posición de Madrid en la guerra de Irak. Sin embargo, la cuestión no está zanjada y tanto España como Polonia deben aspirar legítimamente a mejorar este reparto, sobre todo si se tiene en cuenta que las decisiones en el Consejo (de ministros de la UE) se tomarán por una mayoría de Estados que representen el 60% de la población, lo que Giscard d'Estaing denomina «mayoría cualificada». Alemania, con el 17% de la población de la UE ampliada, tiene un liderazgo incuestionable, a buena distancia del Reino Unido (12,3%), Francia (12,3%) e Italia (12%). España, que no tiene otros puntos de especial fricción, debe concentrarse en mejorar su posición de país más grande que pequeño en el conjunto de la UE. De este modo su capacidad de propuesta y su poder de veto se verían reforzados. Y de paso se reforzaría su condición de puente con Iberoamérica y el mundo árabe.