El reverso de la medalla

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

EL ANVERSO de la medalla -la de Cascos, naturalmente- ya quedó establecido ayer, y genialmente, por Ernesto S. Pombo, que valoró su concesión a través de los méritos del propio ministro y del contexto nacional en el que ejerce su meritoria labor. Y por eso voy a dedicar este artículo a hablar del reverso, siempre oculto, que sólo puede apreciarse a la luz del contexto internacional que nos domina y asombra. Las medallas, como la música pop, van con los tiempos, y si antes se condecoraba a los militares por teñir sus espadas con sangre enemiga, ahora les ponemos medallas por darle el biberón a los niños de Kabul. Y por eso hay que entender que la misma medalla que sirvió para distinguir a Castelao en su regreso al Panteón de Bonaval, se rebaje ahora a ensalzar las virtudes políticas y humanas que distinguen a los amigos de Fraga Iribarne. Por lo que ahora se sabe, las armas de destrucción masiva no existían, y todo lo que se dijo en la cumbre de Azores era mentira. Colin Powell, con un frasquito de penicilina en la mano, mintío descaradamente ante el Consejo de Seguridad. Tony Blair falsificó los informes de los servicios secretos. Aznar, que no vio un solo papel, se dejó embaucar por Bush. Francia y Rusia, que tanto palmito exhibieron en contra de la guerra, levantaron después el embargo e hicieron mutis por el foro. Y muchos de los que salían a las calles a gritar su indignación moral contra la guerra ya tenían decidido votar al PP. Ahora también sabemos que el vaciado del pecio del Prestige será en los idus de marzo de un año de estos, que los vecinos de Cangas y O Grove, que tanto se distinguieron en la protesta contra la Xunta, refrendaron mayoritariamente la política de Fraga, y que en Muxía, la zona cero del chapapote, dejaron en ridículo a todos los voluntarios. Lo de «Nunca máis» se traduce ahora por «qué queres que che diga», las mayores manifestaciones de la historia de Galicia estaban llenas de caballos de Troya, y las banderas azules y negras blanquean bajo la mierda de las gaviotas. The Washinton Post , que era la luz del mundo, se hartó de mentir al servicio del Pentágono. La OTAN, orgullo militar de Occidente, alquila en Ucrania su chatarra volante. En África Central, llena de miseria, se matan a miles sin que nadie lo impida. La España moderna, que crece más que Alemania y presume de alta velocidad, no consigue parar un tren que arranca sin autorización. Y Atutxa, que parecía decir que sí, acabó favoreciendo el no. Finalmente, aunque sea de rebajas, le conceden a Álvarez Cascos la medalla de oro de Galicia. ¡Lógico! Estaba de Dios. Aunque es posible que esta vez la hagan de plomo, chapada en oro de 18 kilates.