ESTABAN sentados viendo la televisión en el cuarto de estar. A sus once años, le llamó la atención la noticia de la muerte de una joven por disparos de su marido. El informador dijo que se desconocían las causas de la conducta del agresor, pero añadió que lo más probable era que se tratara de una cuestión de celos. Ella le preguntó a su padre qué eran los celos. Y éste le contestó que, en este caso, era, más o menos, el temor del marido a perder a su mujer. Entonces la niña, creyendo comprender la situación, dijo: «Claro, la mató porque la quería mucho». Ante tal conclusión, el padre apostilló: «No, la mató porque era un egoísta despreciable». Ante la cara de sorpresa de su hija, se vio obligado a explicarse con el siguiente relato. «Un joven, al abrir su ventana todas las mañanas, veía un hermoso jilguero cantando sobre la rama de una acacia. El jilguero cada vez cantaba mejor, por lo cual el joven comenzó a poner, sobre el alfeizar de la ventana, unos granos de cañamón en un pequeño recipiente. Poco a poco, el jilguero fue cogiendo confianza, y cada mañana despertaba al joven cantando, posado sobre el borde del recipiente. Ante el temor de perder al jilguero, el joven decidió cazarlo, para lo cual comenzó a introducir el cañamón en una jaula. Y un día, cuando el pájaro estaba comiendo confiado, cerró la puerta de la jaula. Pasaron los días y el jilguero, poco a poco, fue dejando de cantar. Apesadumbrado, el joven decidió abrir la puerta de la jaula para que las cosas volvieran a ser como antes. Y el jilguero volvió a cantar, pero con unos trinos mucho más brillantes que al principio. El nuevo canto del pájaro hizo que se fijara en él un vecino del joven. Al principio, el vecino se contentaba con escuchar al jilguero. Pero un día, agradecido, comenzó a ponerle alpiste en su ventana. Y el pájaro empezó a cambiar poco a poco el cañamón por el alpiste. De tal suerte que, aunque el pájaro iba todas las mañanas a cantar para el joven, también lo hacía para su vecino, después de que aquél cerrara su ventana. Un día de mucho calor, el joven abrió su ventana a media mañana y vio al jilguero cantando para su vecino. De repente, sintió angustiado que podía perderlo para siempre y a la mañana siguiente, cuando estaba comiendo el cáñamo en la jaula, lo mató: 'Si no es sólo para mi, que no sea para nadie', pensó». «¿A quién crees que quería más el joven? -dijo el padre-. ¿Al jilguero o a sí mismo? ¿No crees que si el joven quisiera de verdad al pájaro lo habría dejado en libertad, aunque cantara para otro, en lugar de quitarle la vida?». La niña miró en silencio a su padre, dándole a entender con un gesto que había comprendido y éste, tras un profundo suspiro, añadió: «Hay egoísmos que matan». La Dirección General de la Marina Mercante continúa empecinada en demostrar la culpabilidad del capitán Mangouras. Está en su derecho. La opinión pública recibe cada día más información contradictoria. Forma parte del guión. Técnicos y expertos de distintas especialidades han analizado la catástrofe, pero nadie ha valorado el comportamiento del mando de un buque en situación de emergencia. Leyes, reglamentos y convenios amparan y avalan las actuaciones de un capitán, permitiéndole, por razones de seguridad, modificar o alterar su rumbo en caso de avería, utilizando las comunicaciones marítimas para alertar a los buques cercanos y evitar abordajes. Conviene recordar que las averías a bordo de un buque son algo rutinario y, previa valoración, se actúa de una forma u otra. BEA-MER y la DGMM confluyen en una hipótesis que a su entender podría ser clave en la crisis del Prestige , caso de haberse detectado la avería antes de emitir la señal de socorro y así agilizar la toma de decisiones. El SOS del Prestige marcó la pauta a seguir a través del Plan Nacional de Contingencias, que con su estructura organizativa podría haber sido la única y auténtica clave en la crisis. El informe de la mesa de expertos que participaron en el simulacro de accidente desarrollado en A Coruña debería hacerse público para ser objeto de análisis. Amplio resguardo habría que darle a algunos presuntos expertos marítimos. Sus absurdas interpretaciones no sólo son peligrosas para la navegación sino también para el capitán Mangouras. La presunción de inocencia es algo sagrado. en un país que presume ser un ejemplo de democracia. Antón Salgado Clavo , vicepresidente de la Asociación Española de la Marina Civil. A Coruña. Como gallego, aunque afincado en Madrid desde hace años, quiero que llegue hasta mis paisanos, y con cierto pudor a toda España, mi estupor y vergüenza al comprobar cómo muchos de esos paisanos, y más los de las rías han vendido su dignidad por un mísero plato de lentejas... Después de meses escuchando sus protestas, sus llantos plañideros, sus peticiones de solidaridad... y su masivo desplazamiento a Madrid, para manifestarse, con la ayuda de los madrileños y de toda España; uno no puede sentir otra cosa que no sea vergüenza ajena al presenciar este casamiento con ese Gobierno al que criticaron tanto. Y si es así de cierto eso tan prosaico del come y calla, a uno sólo le cabe decir con la mejor educación: ¡que les aproveche! Yo les puedo decir que, como a muchos, hoy se me atraganta hasta un humilde mejillón de las rías... Y lo que es peor: que la imagen de Galicia, que había conseguido la simpatía y la solidaridad de toda España, me temo, quedó de nuevo teñida de negro y por mucho tiempo... Julio Vázquez López . Madrid. Aproveito esta sección para agradecerlle a M.N.C de Santiago que me aclarase o misterio dos campamentos da Xunta, pois xa andaba eu moi preocupada pensando no caprichosa que é a sorte , xa que con algúns pórtase dun xeito moi xeneroso e tócalles ano si e ano tamén, mentres que con outros é moi avara e non lles toca nunca, cando lin a súa carta e fíxose a luz no meu cerebro. Súmome á súa petición de que se investiguen ditos sorteos e se fagan de cara ó público, pois somos moitos os pais que cos nosos impostos estamos financiando unhas vacacións das que os nosos fillos non disfrutan. Estrella García. Verín.