Pactos y conductas

| PABLO MOSQUERA |

OPINIÓN

TERMINÓ otra campaña; se hizo el silencio en las calles, los candidatos escenificaron ante los fieles convencidos, la última escena de la comedia. Es el momento del público convertido en cuerpo electoral. Pero donde la democracia se la juega es a partir de ahí. ¿Qué uso harán los elegidos del mandato popular que se les otorga? ¿Tendrán claro que se deben a los ciudadanos antes que al partido? ¿Saben que están en la Institución para servir y no para servirse? Las listas abiertas permitirían enmendar muchas conductas y pactos, a espaldas del contrato social que se establece, de forma oral, entre un aspirante a concejal o alcalde, y la circunscripción electoral que vota al representante. Quiero tener la esperanza de que, esta vez sí que estamos dispuestos a cambiar el mundo, haciendo lo más difícil. Cumplir la palabra dada, desechando los gestos de prepotencia, evitando el «no se puede poner, está reunido». Estos últimos días, han dejado nuestros pueblos plagados de obras públicas, de nuevos paseos y equipamientos deportivos; pero también de inmensos carteles que son la constatación de lo que se va a hacer para mejorar nuestro entorno. Es como si nos hubiera tocado la lotería en la que todos los habitantes llevamos una importante participación. Quizá, lo más importante sea: La incorporación de una nueva generación a la política; él si somos capaces de resolver el gran problema de Estado que supone torear los precios de las viviendas con un empleo inestable a bajo salario. Si las promesas se convierten en conductas y pactos, habremos superado la confrontación y entraremos en el camino del diálogo para hacer acuerdos a favor de las demandas ciudadanas. La democracia será el arte de entenderse para poder hacer menos política y más sociedad. Merece la pena recordar que honestidad y dedicación con sensibilidad hacia los más débiles, es la base de la progresía, lo que devuelve la confianza en las personas que durante cuatro años son los mandatarios de la soberanía popular. Muchos de estos nuevos concejales serán, con sus conductas, la nueva cantera para hacer de la democracia un punto de encuentro entre los habitantes de nuestro país, para vertebrar una comunidad en la que quepamos todos, a base de tolerancia y respeto, en una pirámide donde el ejemplo del que manda impregna, definitivamente, al que es sujeto de derechos y deberes. Está dentro de la sensatez pensar que en vez de suicidarse matando en Casablanca (Marruecos) podrían haber elegido un gran almacén, en Madrid. Y dentro de una semana, en Barcelona. Y al cabo de un mes, en París. Y luego, en Alemania. Treinta muertos y cien heridos, cada vez, y un pánico capaz de cortar un eslabón de la cadena producción/consumo: el caos. ¿Qué medidas tomarían los gobiernos europeos para reducir radicalmente las posibilidades de más atentados suicidas? Concretamente, ¿qué exigiría la temerosa ciudadanía? Sí, sí, exigiría lo que usted está pensando. Por ser la medida más eficaz. ¿Racismo? Quizá. Pero es absurdo invocar reglas de juego establecidas, cuando varios han dicho, con hechos, que no las aceptan. El alegre suicidio, asesinando a la vez, es algo completamente ajeno a la cultura occidental. La promesa de gozar, allá, con hermosas huríes, no cambia la cosa. Por si acaso, primero las de acá. Así nos ha enseñado Grecia. Y la experiencia, que todo pende de un hilo, empezando por la misma vida. Sólo diez o doce kamikazes serían capaces de hacer saltar las bolsas, el crecimiento, la inflación, el déficit cero, y una guerra entre culturas/razas. Hay que admitir que el Pentágono no anda pegando palos de ciego: quiere cortar el alimento y las alas al cuervo para que no llegue a serlo. Los políticos de la UE también saben que hay que ocuparse del animal, y que, además, está muy cerca de su casa. Pero son plastilina, y acabaríamos perdiendo los ojos a pico del cuervo, si no fuera que alguien ya se está ocupando del animal. Laxe. Aunque desearía lo contrario, el terrorismo es inextricable y golpea aquí y allá, porque (al contrario de ETA) inmolan sus vidas por mor de su divinidad que les premia por su hazaña (atentado) con el paraíso. Visto así, es ineluctable la vía seguida para domesticar a los países árabes, y estamos dando palos de ciego para evitar que el fundamentalismo intregrista llegue al poder. Estos atentados cuerpo-bomba de Chechenia, Riad, Casablanca e Israel demuestran el arraigo de una conciencia mundial que tardará mucho tiempo en corregirse, mientras no se arreglen los problemas que conlleva la explotación de sus riquezas (petróleo, gas, minerales, etcétera) por sí mismos; lo que significa abandonar la tutela faraónica que supone explotar esos países desde hace mucho tiempo. Por otra parte, no se trata de secularizar el islamismo, ni de perpetuar la guerra santa, ni tampoco de usar penas tan severas como la muerte por degollamiento o lapidación, sino de abolir estas conductas inhumanas. No va a ser tarea fácil desmantelar a los suicidas dentro y fuera de nuestras fronteras, pero ¿será este el camino o habrá que replantear las tareas de los ministerios de Interior y de Asuntos Exteriores en Occidente? Mateo Reverter Estévez. Vigo.