Tiembla la galaxia

| LOIS BLANCO |

OPINIÓN

30 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

TIEMBLA LA GALAXIA. Chirac, Schröder y los dos gobiernos satélite de Luxemburgo y Bélgica se han convertido en el contrapoder militar de USA durante una comida en la que el postre debió de ser un helado de chocolate con forma de cabeza nuclear, que es lo más parecido a un arma que se puede hallar en Bruselas. Concluida la invasión de Irak, el presidente galo y el canciller germano continúan por la senda de la propaganda de una falsa grandeza militar de París y Berlín, en vez de dirigir sus esfuerzos en la recomposición de la alianza atlántica. Los ahora erigidos en segundos gendarmes del mundo, tuvieron que telefonear a Clinton para que invadiese Kosovo al percatarse de que su Europa era incapaz de enviar cuatro tanques que funcionasen a los Balcanes. Después de cincuenta años en los que toda la Europa occidental se refugió de la amenaza comunista bajo el paraguas de una OTAN cuya capacidad militar y logística corrió siempre a cargo de los presupuestos de los Estados Unidos; un canciller con un Gobierno en crisis y un representante de la derecha gala más rancia y heredera de los peores rasgos de De Gaulle deciden por los 15 miembros de la UE crear un Estado Mayor conjunto al margen de la organización atlántica. Una vez más, Alemania y Francia se creen en posesión de la representación de la UE, que ya ejercieron sin cortapisas en tiempos gracias a que países como la España de González practicaba la sumisión al eje franco-alemán. Schröder y Chirac podrán construir un cuartel anti-yanqui a las afueras de Bruselas, llenarlo de generales retirados y encargarle a Chuck Norris unas clases de kárate para los soldados, pero algún día Alemania y Francia recuperarán el sentido común y dejarán de disfrazarse de aquello que no son. Para bien o para mal, medio siglo de alianzas unen a Estados Unidos y Europa.