TODO SERÁ más complejo de lo que se preveía cuando en Washington se tomó la decisión de atacar Irak. Volverán a topar con la ONU como con la Iglesia. Y encontrarán dificultades donde nos las había entonces. El levantamiento de las sanciones, propuesto por G.W. Bush, es percibido, por el que fue frente de resistencia en el Consejo de Seguridad, como el levantamiento de la veda para los negocios de las empresas de Estados Unidos. El pacta sunt servanda , los pactos deben cumplirse, es principio que aducen quienes contrataron con el Irak de Sadam, principalmente Francia, Alemania, Rusia y China, que además son acreedores de Bagdad. No cabe administrar este «status quo de ahora» en Mesopotamia como si fuera un botín de guerra, aunque lo sea. Habrá de pasar el asunto por la ventanilla del Consejo de Seguridad, que es tanto como decir por la negociación con los interesados. La responsabilidad de la ocupación militar de Irak no cabe confundirla como derecho de conquista, y si se confunde es que estamos en otros tiempo que el que pensamos. Otro tanto ocurre con la permanencia de las tropas angloamericanas allí, pues quieren los Estados limítrofes que marchen cuanto antes; pero el guión parece escrito de otra manera. Debate en la ONU Habrá, según se revela y tal como se preveía, bases permanentes de Estados Unidos en Irak. Parece, pues, que llega para la paz tanto debate, en la ONU, como lo hubo para la guerra. Pero la discusión de los contenidos, que será una esgrima de intereses, resultará más discreta que la pelea sobre sus continentes y envases: la guerra y la paz, la justicia y la libertad de los pueblos. El mercado, al fin y a la postre, es más frío que el altar y la tribuna.