CON CORAJE. Como exige José María Aznar que se haga. Con coraje, dolor, rabia e indignación hay que condenar la decisión de Fidel Castro de asesinar a tres disidentes cubanos. Nunca se puede ser complaciente con un fusilamiento. Incluso quienes no hemos tenido la dicha de poder fotografiarnos con el dictador cubano, sabemos cómo se las gasta. Pero lo acontecido en Cuba, con ser de una gravedad extrema, no puede desviarnos de lo fundamental. Que es lo que se pretende. Los fusilamientos de Cuba están siendo arrojados a la cara de quienes militamos contra la devastación de Irak. En un ejercicio propio de hosteleros. Introducen en la misma coctelera los crímenes cubanos, el terrorismo, la subida de las Bolsas, la bajada de los precios del petróleo, Ortega Lara, los muertos del Congo, la batasunización del país y la caída del muro de Berlín. Y con ese cóctel tratan de justificar la invasión iraquí.Algunos acaban de descubrir que Cuba es una dictadura. Y que mantiene vigente la pena de muerte. No es sólo Fidel Castro. Es Fidel Castro y noventa más. Entre ellos, China, Egipto, Arabia Saudí, Jordania, Marruecos, Emiratos Árabes, India, Irán, Guatemala y Guinea. Muchos, países amigos. Y, por supuesto, 38 de los 50 estados norteamericanos ejecutan a deficientes mentales y, como se ha demostrado, a inocentes. Es bien cierto que, a veces, los árboles no nos dejan ver el bosque. Y ese es un error inaceptable. Condenamos con coraje, rabia e indignación los asesinatos de Fidel Castro. Como ha hecho el Gobierno español. Y seguimos condenando el ataque a Irak. Tratándose de asesinatos, todos estamos del mismo lado. Por eso no tenemos la menor duda de que quienes ahora se muestran iracundos, harán lo mismo el día que el amigo americano lleve a alguien a la silla eléctrica.