EL PERIODISTA Raúl Rivero, de 57 años, es un lacayo del imperialismo gringo. Este criminal convicto escribía en periódicos europeos y para Reporteros Sin Fronteras, conocida secta facha. En sus libelos, Rivero defendía una tesis retrógrada: reclamaba que Cuba se convierta en una democracia. Por fortuna, el líder de 77 años que desde hace 44 vela por los cubanos se percató de la amenaza que acechaba a la isla y ha condenado al periodista a dos décadas de trena por «actividades subversivas». Ayer, el líder volvió a defender a la patria y fusiló a tres tipos que secuestraron una lancha para tratar de pirarse del paraíso igualitario.Atajado el mal, todos respiramos tranquilos: los políticos demócratas de Occidente, que siguen visitando La Habana y haciéndose fotos-sonrisa con el entrañable comandante, los turistas sexuales que elogian la mítica fogosidad de las cubanas (que se van a la piltra por el innegable gancho de los turistas fondones, y no porque necesiten plata); los del Club de Vacaciones de Porto Alegre (que creen que considerar a Castro un brutal dictador equivale a ser un fascista) y los admiradores en general del modelo cubano, «donde todo el mundo puede estudiar»... para disfrutar bien instruido de la miseria y el pensamiento único.