Cambio social y elecciones

GERARDO G. MARTÍN

OPINIÓN

01 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

DESDE POCO después del 13 N, al poco de que el Prestige empezara a ser noticia, muchas cabezas pensantes de esta tierra han dado por hecho que asistíamos a un cambio social profundo, con consecuencias en las elecciones. Para quienes, sin excluir los comicios de mayo de este efecto, estiman que el impacto puede ser reducido, por tratarse de una convocatoria local, Xosé Luis Barreiro ha recordado en la tertulia de Radio Voz, Al final del día , que unas municipales trajeron la segunda república. Seguramente el politólogo no está solo al considerar las elecciones, de cualquier signo, como un todo. En la catástrofe del Prestige , como en el tratamiento de la implicación española en la guerra, al igual que en otros diversos episodios, entre ellos el de los comportamientos de los institutos sobre la paz y el medio ambiente, no sólo ha habido errores de los gobiernos de Madrid y Santiago, sino también fallos de la oposición. El hostigamiento a los cargos del PP puede convertirlos de supuestos verdugos en víctimas consideradas. Como puede parecer sectaria una oposición que no reconoce que en ocasiones, por pocas que sean, en los centros de enseñanza no se practica exactamente la libertad de cátedra al tratar de Irak o del Prestige , sino el adoctrinamiento. Y probablemente no son pocos los que han echado de menos que, al criticar a Xunta y Gobierno, se recordara suficientemente tanto el origen fortuito del accidente del petrolero como la culpa que hay que atribuir a la UE.Es probable que en mayo el PP, como dicen ya las encuestas, tenga menos votos de los que espera, pero quizá más de los que vaticina la oposición. Quizá lo que engorde con el cambio social sean la abstención y los innumerables grupúsculos que representan a la España invertebrada.Lo mejor que nos podría traer el cambio social sería la consolidación del hombre ecuánime que, cualquiera que fuese su ideología, no se hartara de decir: «Estoy instalado en la convicción de que los míos no siempre tienen razón». Ganaríamos todos.