CARLOS G. REIGOSA
07 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.QUIZÁ hay que reconocer que, con la que está cayendo, a uno se le está politizando la pluma. Después de muchos años convencido de que la política (la nuestra, la española) ha invadido ámbitos que no le son propios, en detrimento de la sociedad civil, resulta que ahora tengo dificultades para encontrar asuntos civiles o civilmente apolíticos dignos de ser tratados. Una calamidad, no ya de pensamiento único sino de idea única, se ha abatido sobre nosotros en forma de crisis de Irak y sus concurridos aledaños periodísticos. La culpa naturalmente la tiene George Bush II, y también aquellos que se empeñan en no darle la razón en todo, e incluso aquellos otros que se la dan pero lo disimulan. Por su culpa (de todos ellos, sin excepciones), yo no puedo enzarzarme en una tranquila disputa a colmillo desenvainado sobre la telebasura, buscar a los culpables de las frustradas inauguraciones del AVE o denunciar los problemas del sector lácteo. A este paso incluso intentarán que me olvide del chapapote interminable que orla nuestras costas. Y no. Basta ya. Nunca máis. ¡Viva Cartagena! ¡Arriba los triunfitos y Coto Matamoros! Los prefiero. Son alienantes, pero no bélicos. O no del mismo modo letal. Uno se contenta ya con cualquier cosa.