Antiamericanismo pacífico

OPINIÓN

02 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

QUIZÁ es el momento de recordar a aquel candidato a la presidencia de Estados Unidos que se llamaba George Bush II y que, al decir de todos los analistas, si ganaba las elecciones, iba a conducir a su país a un profundo aislamiento, como consecuencia natural de su absoluta falta de interés por el resto del mundo. Tal desentendimiento en un presidente de EE.?UU. era visto entonces como un mal augurio para el conjunto de las relaciones internacionales y una oportunidad para el envalentonamiento de sátrapas y dictadorzuelos, que podrían florecer con la única condición de no molestar a la única e imperial superpotencia. Pero pasó lo del 11-S y la indiferencia de Bush II por el resto del mundo se pulverizó en el mismo instante en que se hundían las Torres Gemelas. Resultaba que en ese mundo exterior por el que había mostrado tan poco interés habitaban unos terroristas antiamericanos dispuestos a impedir que la paz reinase en los hogares estadounidenses. Bush II confesó entonces que había descubierto su verdadera misión como presidente: librar al mundo del terrorismo. De este modo, el aislacionista radical se convirtió en un ferviente internacionalista. El cambio no era tan fácil ni carecía de consecuencias. Bush, que recibió una oleada de solidaridad con motivo de la agresión terrorista, tropezó pronto con los andamiajes internacionales levantados desde la II Guerra Mundial (ONU, OTAN, UE, etc.), que condicionaban su actuación y la limitaban al restarle legitimidad en el caso de no acatar sus decisiones y, en última instancia, la ley de las mayorías. Las tensiones que siguieron han dado alas a un antiamericanismo de signo pacífico, que se extiende sobre todo por Europa. Y sobre este antiamericanismo, Francia y Alemania quieren construir una identidad europea diferenciada de la del otro lado del Atlántico. Es una oportunidad. Pero la verdad es que están apoyando a los aislacionistas y neoconservadores estadounidenses, que quieren despreocuparse de nosotros cuanto antes. Los europeos deberíamos preguntarnos si es esto lo que queremos. Con todas sus consecuencias.