La tercera pata del «Prestige»

| XERARDO ESTÉVEZ |

OPINIÓN

HACE UNAS SEMANAS escribí en estas páginas que para hacer frente a la catástrofe del Prestige eran necesarias tres cosas: la verdad, un plan y un compromiso. San Agustín decía que la verdad «ha de hacerse». La verdad sobre el caso Prestige ha ido abriéndose paso poco a poco, a medida que el fuel seguía fluyendo, aunque todavía queda pendiente un esclarecimiento esencial de las responsabilidades y la decisión sobre qué hacer con el barco hundido. En cuanto al plan, no hay uno, sino varios, del Gobierno y de la oposición. Pero para que un plan sea veraz y fidedigno debe haber -soberbia y cabreos aparte- un nivel de consenso que permita aproximarlo a los ciudadanos e implicarlos. Y aquí está la tercera pata del Prestige : nuestro compromiso. Hay una visión proverbial de una Galicia oprimida y ofendida que despierta compasión, que incita a la beneficencia. De ahí el afán por colocarnos muletas sin la implicación de los gallegos; nos endosan obras públicas, cantan para nosotros, y a veces nos limitamos a ser espectadores. Ese enfoque antiguo llevó a que las infraestructuras se concibieran sólo como «vías de acceso» y no como medios para articular el país. Ante una inversión de tal magnitud, se necesita una visión global e integradora para dar un salto en nuestras posiciones relativas de crecimiento y desarrollo en el concierto europeo, para articular la Galicia urbana y metropolitana, rompiendo el autismo entre ciudades, y para equilibrar la Galicia interior y litoral, invirtiendo la tendencia descendente, en lo económico y en lo demográfico, de dos de nuestras provincias. Y también, por qué no, para corregir errores, en un momento en que se intenta la promoción turística de áreas del litoral que han sido castigadas por la desfeita urbanística y territorial perpetrada en los últimos años. Un proyecto de tal envergadura debe ir más allá de festivales y fiestas gastronómicas, de localismos que pueden llevar a entender que la inversión es sólo para uno y de capillismos provinciales. De nosotros dependerá que cada millón de inversión, cada metro lineal de infraestructura, pueda ser un paso hacia el crecimiento sostenible y la modernidad. Hay que unir todos los cabos y poner todos los resortes a funcionar para calibrar las consecuencias que van a tener en nuestro futuro económico el puerto exterior de A Coruña, la autovía transcantábrica, el AVE Bilbao-Ferrol, o cómo el propio AVE repercutirá en la dinámica urbana. Las autovías entre Santiago y Lugo, conectando los dos campus, y entre Lugo y Ourense pueden permitir por fin la articulación de la Galicia interior. Cuando se habla de más suelo industrial, hay que saber qué tipo de industria nos interesa, qué inversiones se programan en I+D cuando se habla de impulso tecnológico, cuál será el papel de las universidades, de la Ciudad de la Cultura o de un Xacobeo necesitado de renovación. Es decir, diseñar lo que nos corresponde hacer a nosotros, al sector público y a la iniciativa privada, para lograr en esta coyuntura una buena sinergia, consiguiendo un plan comprometido con Galicia y comprometiéndonos nosotros con el plan. Si ese compromiso se alcanza, el plan tendrá inexorablemente sus cifras y sus plazos, y también contará con nuestra responsabilidad y nuestro esfuerzo.