EN ESTE país, el 28 por ciento de los ciudadanos son unos desleales, unos antipatriotas, unos carroñeros y unos profesionales del resentimiento. Lo ha detectado el CIS en su barómetro de diciembre. Ese porcentaje de ciudadanos ha respondido de forma espontánea, sin que se le preguntara por ello, que la catástrofe del Prestige es su principal preocupación. Ya son ganas de molestar. A juzgar por los resultados del estudio hecho público, podemos asegurar que la desgracia que ha originado el petrolero no ha sido un invento de la prensa, ni de la oposición, ni tan siquiera de Nunca Máis . La calamidad del petrolero preocupa incluso más que la inseguridad ciudadana, las drogas, la inmigración, la situación económica y el precio de la vivienda. Por eso la incorporación del cataclismo al escalafón de disgustos que cada día nos vemos obligados a padecer, y que asola de forma especial a Galicia, hay que darle un valor excepcional. El de haberse alzado desde la nada a uno de los primeros lugares de nuestras preocupaciones. Y, lo que es peor, de forma espontánea. Sin que se preguntase por ello. Lo que ocurre es que el Gobierno Aznar tiene el privilegio de llegar tarde a todo. Cuando las navajas inundan las calles, comienza a hablar de inseguridad. Cuando la economía se desbarata reconoce que fallaron las previsiones. Y cuando el fuel entra hasta nuestras cocinas, su empresa demoscópica dice que nos preocupa. La inutilidad del CIS es evidente. No es necesario realizar un estudio para saber que a los españoles la mayor catástrofe ecológica de la historia de Europa nos produce insomnio. En todo caso habría que hacer el sondeo en la Moncloa y en San Caetano. Sólo para saber si sus inquilinos siguen pensando que «hay alarmismos pocos justificados».