No es oro todo lo que reluce

ANXO GUERREIRO

OPINIÓN

30 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

HACE MES y medio Aznar venía a Galicia por primera vez tras la tragedia originada por el naufragio del Prestige . Desde la Torre Marítima de A Coruña, convertida para la ocasión en un búnker aislado de los ciudadanos, el presidente del Gobierno presentaba como un gran logro de su gestión el hecho de haber conseguido 265 millones de euros -en realidad sólo 5 millones- de la Unión Europea para paliar los daños de la catástrofe. Entre aquel ridículo anuncio y el Plan Galicia aprobado el pasado viernes por el Consejo de Ministros en A Coruña, el Gobierno ha tenido que recorrer un gran trecho, forzado, sin duda, por la impresionante movilización de la sociedad gallega. Sin embargo, pese al cambio formal del discurso gubernamental, no comparto el entusiasmo con el que algunos analistas han recibido el plan. Bien es cierto que, con el paso de los días, el desbordante optimismo inicial ha ido dejando paso a una lógica actitud de prudencia y reflexión más acorde con una realidad que, aunque el Gobierno logre echar por la puerta, volverá, inevitablemente a entrar por la ventana. En efecto, ¿en qué consiste realmente el plan anunciado por Aznar en A Coruña? De los 12.500 millones de euros que el Gobierno promete destinar a Galicia, para propiciar su reactivación económica tras la desgracia del Prestige , más de 7.000 millones corresponden a inversiones que ya se están realizando o comprometidas en la programación plurianual del Gobierno, tales como la autovía del Cantábrico, el nuevo puerto de Ferrol o el enlance en alta velocidad ferroviaria con Madrid. Todas ellas se inscriben en el plan de infraestructuras para el transporte (PIT) 2000-2007 cofinanciado por la Unión Europea. Con estas inversiones, Galicia, que representa el 6,7% de la población nacional, recibe sólo entre el 3,5 y el 4% de las inversiones anuales del Estado. Dicho en otras palabras, con el plan tan pomposamente anunciado por el Gobierno, Galicia seguirá, al menos hasta el 2007, en los últimos lugares de España en lo que a inversión pública por habitante se refiere. De los 5.200 millones restantes comprometidos por el Gobierno -en realidad 4.200, ya que los 1.000 millones destinados a limpieza no pueden considerarse como inversión-, la mayoría están destinados a proyectos que necesitan un largo período de maduración y, por tanto, irrealizables a medio plazo. En cualquier caso, carecen de calendario preciso de ejecución, sin lo cual resulta imposible prejuzgar si Galicia reducirá, merced a la acción del Gobierno, su diferencial con España, o si, por el contrario aquél se consolidará o agravará. El próximo martes, el vicepresidente Rato comparece en el Congreso de los Diputados para explicar pormenorizadamente el plan del Gobierno. Es una buena ocasión para sacarnos a todos de dudas. Porque, no lo duden, no es oro todo lo que reluce.