AL FINAL va a resultar que el hundimiento del Prestige fue una bendición del cielo, y que toda Galicia se va a forrar a costa de un evento que sólo los hombres de Estado supieron valorar, mientras los rudos aldeanos nos dejábamos impresionar por tanto chapapote. Por eso propongo que, siguiendo una antigua tradición bizantina, santifiquemos y personalicemos el naufragio más famoso del siglo XXI, y, de la misma manera que los constantinopolitanos veneraban a la sabiduría (Santa Sofía) y a la paz (Santa Irene), veneremos nosotros a San Prestix, el nuevo patrón y protector de Galicia y la Costa da Morte. La fiesta de San Prestix (así se llamará el santo cuando el pueblo cristiano se lo apropie) se celebrará en Muxía cada 13 de noviembre. En su honor procesionará una imagen del santo que, con rostro de negro azabache y erguido sobre un petrolero partido, irá bailando sobre la multitud en un trono procesional con oleajes dorados. Y así recordaremos aquellos hilillos de plastilina, negros como el rostro de San Prestix, que poco después se convirtieron en un caudaloso río de oro, que veremos simbolizado en los barrocos dorados del anda procesional. El primer milagro de San Prestix se produjo el pasado jueves, cuando reaparecieron los fantasmas de Touriño y Zapatero para espolvorear Galicia con 7.000.000.000 de euros que a nadie se le quitan ni se sabe de dónde vienen, pero que, como quien dice, ya cantan en nuestros bolsillos. Lejos de pararse ahí, y sólo una hora más tarde, el divino San Prestix ya había ablandado el corazón de Orza, que, olvidándose por un día de la Ciudad de la Cultura, puso sobre la mesa otros 882.000.000 de euros, ¡para este año!, que también salen de la cesta de los panes y los peces. Para los gallegos ya era demasié, y a nadie se le ocurría pedir más. Pero San Prestix nunca descansa, y en la mañana del pasado viernes descendió otra vez sobre María Pita, en forma de Consejo de Ministros, y puso sobre la mesa los 12.500.000.000 de euros que nos convierten en el pueblo más rico de Europa. ¡Aprende Zapatero! Claro que, si la mitad de los millones son de segunda mano, o se cuentan varias veces, la otra mitad está todavía en la chistera. Pero, dejando los tiquismiquis para mejor ocasión, quiero unir mi devota oración a la de muchos gallegos que salieron el viernes a la calle para pedirle a San Prestix que no se pase, que no sepulte nuestra civilización bajo una montaña de euros, y que no se olvide de que los pueblos también necesitan aire para respirar. Así que, para dar gracias por lo hecho, y para pedir que no nos encierren en una jaula de oro, únase usted también a los devotos y repita: San Prestix bendito, ¡ora pro nobis!