El ejemplo francés

OPINIÓN

QUÉ GRATIFICANTE debe resultar que el Estado al que perteneces sepa afrontar los momentos difíciles con dignidad y resolución. Que satisfacción debe ser ver cómo tu clase política no se esconde. Ni miente. El Gobierno francés está dando un ejemplo, sobre todo a los gallegos, de cómo se debe de afrontar una catástrofe. Ni cazando, ni mintiendo. Ni, por supuesto, permitiendo que la sociedad civil se vea obligada a tomar la iniciativa. El Gobierno francés se ha puesto el traje de faena para luchar contra la marea negra, incluso antes de que llegase a sus costas. La declaración institucional de Jacques Chirac, resaltando la gravedad de los vertidos, y alertando de sus consecuencias; las constantes visitas del primer ministro Jean-Pierre Raffarin, con miembros de su gabinete, a las zonas afectadas, la disponibilidad de medios para hacer frente al chapapote y una coordinación ejemplar para luchar contra la contaminación, denotan la fortaleza y la capacidad de reacción de un Estado. Francia nos está dando un ejemplo de cómo se gobierna un país. De cómo se gestiona una catástrofe. Frente a la reacción de un Gobierno, el español, parapetado en el desprecio, el engaño y en la dejadez, se alza el francés, con decisión y carácter. Frente a un Gobierno, el español, que hace aguas por todas partes, vemos al francés previsor y resolutivo que despliega una actividad sin precedentes para que sus costas no desaparezcan bajo los «hilitos con apariencia de plastilina». Las autoridades galas están afrontando la crisis del Prestige con firmeza. Para bochorno de las nuestras. Para desesperación e irritación de quienes dos meses después, vemos cómo se sigue responsabilizando al azar, a la adversidad y a la oposición de lo ocurrido. Y es que, pese a todo, Europa aún empieza en los Pirineos.