ENTRAMOS en la segunda fase del Prestige. Además de limpiar la costa y compensar a los afectados es necesario prevenir su repetición y avanzar políticas para el desarrollo de A Costa da Morte. La prevención es tarea básicamente política y de ámbito europeo. Se deben fijar unas indemnizaciones tan elevadas que los contaminadores «no se accidenten». Aún así no desaparecerán por completo y minimizar sus daños requerirá medidas complementarias. Afrontar bien estas tareas es responsabilidad directa de nuestros representantes en la Unión Europea y del Gobierno central. La Xunta tiene una función impulsora, voz y capacidad de propuesta, pero no competencia decisora. Pero en la vertiente del desarrollo zonal de A Costa da Morte, Xunta, Diputación, ayuntamientos y entidades financieras sociales adquieren una especial responsabilidad. Que no excluye el papel complementario del Estado y la Unión Europea. A todos ellos los debemos seguir y supervisar, en el ejercicio del control ciudadano de las instituciones. Sin embargo nada de lo que hagan tendrá efectos duraderos sin una adecuada respuesta activa de nuestra propia sociedad civil. Ya que el largo plazo no está garantizado. Los gallegos tenemos un grave problema, un autentico talón de Aquiles: seguimos sin reproducirnos, la natalidad es muy insuficiente y no reemplazamos ni siquiera a nuestros mayores. Y como han revelado las últimas cifras del censo de población apenas atraemos un suficiente número de inmigrantes capaz de compensar nuestras limitaciones internas. Galicia se encoje y envejece. El corto plazo es menos problemático por efecto de anteriores fecundidades y por la incorporación de la mujer al trabajo. Pero el futuro es más incierto para un crecimiento sostenido y espacialmente vertebrado. En concreto, para zonas como A Costa da Morte y la Galicia interior las alarmas se han encendido hace tiempo. Cada vez hay menos, los jubilados superan a los estratos de juventud y las fuerzas económicas que operan sobre la base demográfica son desfavorables. Todos los programas que se diseñen con motivo del Prestige pueden quedarse en flor de un día, sino en papel mojado, sin habitantes que las pongan en práctica. Es una triste constatación de Perogrullo. La crisis del Prestige está evidenciando todas las carencias de prevención y perspectivas de futuro de nuestra sociedad. Y ahora le llegará la demográfica. Olvidamos que la población es precondición de la vida, la historia y la economía. Nunca nos faltó, más bien sobraba, ¡que tiempos aquellos!, pero ahora se puede tornar en el cuello de botella que estrangule el futuro. Es irónico que en estos tiempos de secularización, la prioridad socioeconómica esté contenida en la exhortación bíblica del «creced y multiplicaos». Siempre caen las soberbias. Aprovechemos la conmoción general que ha supuesto el Prestige para iniciar entre todos una gran reflexión social sobre las prioridades de la vida gallega en todos los ordenes, civil e institucional, local y autonómico, individual y colectivo. No existe una «mano invisible» ni un « Deus ex machine» ni «déspotas benefactores» que resuelvan por nosotros. Lo que reveló el Prestige es que estamos solos, dependemos de nuestra propia responsabilidad, del ejercicio de nuestra libertad. Las apariencias eran un engaño. No tropecemos de nuevo en la misma piedra.