Las grandes inocentadas

OPINIÓN

27 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

EL PROYECTO pacificador de Mayor Oreja debe ser una inocentada. Porque, si su esencia consiste en no dejar gobernar, su praxis le lleva a depender cada vez más de Otegi. Ayer, por ejemplo, iban a juntarse los dos mosqueteros para tumbarle los presupuestos a Ibarretxe. Los dos iban a votar no porque sí, y los dos iban a hacer tenaza contra el centro nacionalista por culpa del Estatuto de Gernika. Uno, Otegi, porque Ibarretxe lo pone demasiado acá; y el otro, Mayor Oreja, porque Ibarretxe lo pone demasiado allá. No están ni se ponen de acuerdo -¡Dios les libre!- pero coinciden siempre. Y por eso coincidieron en ausentarse ayer del Parlamento de Vitoria y dejar que el tripartito, siempre sin Otegi, aprobase sus presupuestos. Después de un par de horas de desconcierto, Mayor Oreja compareció ante la prensa para decir que nadie va a dimitir -¿les suena?- y que el tripartito actuó con engaño. Algo que sólo se entiende si se tiene en cuenta que la noticia sale hoy en el periódico, ¡el día de los inocentes! Fraga, siempre en su línea, se reunió con la ejecutiva del PP en la calle Génova, y, revestido de la dignidad de «viejo presidente fundador», terminó su informe solicitando una«discriminación positiva para Galicia». Dice nuestro presidente que quiere retirarse «con dignidad», sin que una mancha negra cubra su última hoja de servicios, y por eso pidió que la tragedia del Prestige sea compensada... ¡con un tren de alta velocidad competitivo! ¿Será el mismo tren de siempre? ¿Será otro nuevo que va a circular paralelo al anterior? ¿Será que antes iba de broma y ahora va en serio? ¿Cuántes veces más vamos a conseguir este famoso AVE de una sola vía y electrificado donde convenga? La respuesta es que seguramente se trata de una inocentada, ni más ni menos graciosa que la felicitación a Mariano Rajoy y al Gobierno de Madrid por su presteza y acierto en la gestión de la crisis del Prestige . Un decir sí para que se entienda no. George W. Bush también anda de inocentadas. Su gracia consiste en enviar a Irak a los inspectores de la ONU, mientras él alardea de que no les va a hacer ni puñetero caso. Y tan simpático resultó ser este chico, estudiante en Harvard y presidente de los Estados Unidos de América, que ya tiene decidida la causa de la guerra y la fecha del ataque, el número de muertos que va a reconocer en la CNN, y el nombre del general que va a hacer de sátrapa del Irak asoballado. Aznar, en cambio, no está para bromas, y, consciente de que la liga del Prestige no se le da nada bien, decidió volver otra vez al campeonato nacional antiterrorista, donde siempre tiene al público de cara, al PSOE amordazado y la copa garantizada.