CUÁNDO se enterarán que no es cuestión sólo de dinero. De beneficencia. Cuándo aceptarán que el dinero no lo es todo. Cuándo dejarán de tapar su incapacidad con cheques. Cuándo cesarán de cubrir la irritación y la rabia de los gallegos con talones. Noel Clarasó razonó que con dinero se puede comprar todo, menos la felicidad. Y por mucho «pan fresquiño», como lo llamó Jaime Pita, que haya traído el presidente Aznar debajo del brazo, no va a poder pagar la felicidad que las gentes del mar de Galicia y los gallegos perdimos con la catástrofe del Prestige . Porque, venga de donde venga, el dinero no va a resarcirnos nunca la zozobra, la terrible angustia, el dolor y la desolación que azotan estos días a Galicia. Ni tampoco la indignación. El dinero que van a entregar, con ese aire displicente de nuevos ricos, no va a servir para endulzarnos un accidente que nunca debió de alcanzar la categoría de hecatombe. No es sólo cuestión de dinero. Porque las costas gallegas no tienen precio. Como no lo tienen los fondos marinos. Ni las Cíes. Ni Sálvora. Ni toda su riqueza marisquera y pesquera. Ni las lágrimas de impotencia y desolación de los marineros. Ni la dignidad. No hay dinero que haga olvidar las mentiras, la dejación de funciones y la irresponsabilidad. No hay dinero que pague los despropósitos que vivimos. Ni que cierre las cicatrices. Esto no es Biafra. Los gallegos no queremos caridad. Estamos orgullosos de trabajar. Queremos lo que nos fue arrebatado. Con negligencia. Galicia no mendiga. Exige lo que era suyo. Y eso no hay dinero que lo pague. Pero no lo entienden. Tratan de ocultar con beneficencia la rabia de quienes soportamos simplezas e incapacidades. No es sólo dinero lo que Galicia necesita. Galicia necesita otra clase política. Pero no lo entienden.