De cómo Aznar hizo sus deberes

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

A TORRE VIXÍA

15 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

EL PRESIDENTE era consciente de que no iba a ser bien recibido, y por eso se explica que las medidas de seguridad que le acompañaban fuesen mucho más vistosas e importantes que la sarta de obviedades que, a modo de justificación para su tardía visita, recitó solemnemente en el mitin que les dio a los periodistas. Vino a Galicia pero no estuvo en ella. Habló con personas que viven aquí, pero no escuchó a los que braman su desesperación sobre las olas del mar. Y todo su bagaje de estadista quedó reducido a una foto demagógica y sin gracia, y a una abundante ración de televisión cocinada en salsa goebbelsiana. Aunque el viaje era subrepticio, con un nivel de sorpresa y diversión que alcanzó a la misma Xunta, sólo la presencia de un despliegue de seguridad claramente desproporcionado logró evitarle los abucheos del movimiento Nunca Máis, que deberían estar incluidos, creo yo, en el sueldo oficial. Y, si bien es cierto que el equipo de propaganda había previsto bajar a una playa llena de chapapote, para charlar con un grupo de guardias civiles «voluntarios», vestidos con mascarillas y monos blancos, los miedos de última hora aconsejaron limitar la visita a la torre de control del Servicio de Salvamento Marítimo, que, lejos de simbolizar la Galicia que arranca el chapapote con las manos y defiende su mar sin reparar en sacrificios ni riesgos, representa la carencia de protocolos de análisis y gestión de catástrofes, y la falta de claridad a la hora de explicar por qué sacaron el barco a paseo, y qué pensaban hacer con él cuando llegasen a ningures, que era a donde se dirigían. Hablando de pura política, la visita de Aznar a Galicia se reduce a una rueda de prensa enfática y llena de tópicos, en la que sólo se dieron las disculpas imprescindibles para encuadrar las loas y parabienes que el presidente se propinó a sí mismo. No reconoció ningún error concreto, ni renunció a la mentira como arma defensiva. El fracaso en la negociación de fondos europeos, expresamente destinados a la reposición de las condiciones modificadas por el naufragio, se presentó como un éxito indiscutible. Y todo el conjunto de indemnizaciones que han de pagarse como consecuencia de daños infligidos a los trabajadores y empresas, o como consecuencia de la paralización de flotas, viveros e industrias, acaban presentándose como una generosa y libérrima aportación del Gobierno al futuro de Galicia. Como dicen en Meloxo, donde escuché la perorata, da la impresión de que quieren cabrearnos. Aunque también pudiera ser que estemos ante la decadencia de unos personajes que, puestos al pairo por el Prestige , tienen sabor a patéticos en salsa de engolamiento.