EL OJO PÚBLICO
14 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.NO ES CIERTO que las mociones de censura del PSdeG y del BNG no sirvieran para nada: sirvieron, ¡y como!, para patentizar la relación de causa a efecto existente entre la forma descabellada en que la Xunta y el Gobierno gestionaron el accidente del Prestige y la gravísima multiplicación de sus efectos; y sirvieron, también, para expresar que, una vez discutidas las mociones, ese camino (el de insistir en pedir cuentas) no debe ser ya la prioridad fundamental de este país. No, señor: constituida la comisión de investigación correspondiente y mientras no vayan surgiendo los nuevos datos que la misma alumbrará, los intereses de Galicia y los gallegos pasan por comenzar a mirar hacia el futuro, que es donde Galicia y los gallegos se la juegan. Y es que, ¡no lo olvidemos!, los que gestionarán la salida de esta crisis económica, ecológica y social sin precedentes son los mismos que con su actuación han contribuido a amplificarla. ¿Les volveremos a dejar hacer sin la vigilancia política y social que la extrema gravedad de las circunstancias aconsejan? Sería un grave error. Pues, insisto, los temas que hoy deben comenzar a preocuparnos dependen también de decisiones que tomarán (o habrán de impulsar) José María Aznar y Manuel Fraga. De forma inmediata, el de cómo evitar que el barco hundido siga contaminando nuestras costas; el de cómo mejorar el operativo técnico y humano con que se está acometiendo su limpieza; y el de cómo apoyar, más allá de las inmediatas ayudas concedidas, a quienes han perdido su medio normal de subsistencia. Todo ello, además, sin olvidar que los esfuerzos que hoy se hagan serán como echar agua en un cedazo si no se adopta un plan de reconstrucción para Galicia, en el que deben garantizarse la suficiencia de fondos europeos, estatales y autonómicos. Si el Gobierno y la Xunta se enfrentasen al problema de la recuperación del inmenso daño sufrido por la economía, la geografía y la imagen de Galicia con la misma actitud con que afrontaron el accidente del Prestige (la de ver como salen del atolladero sin sufrir mucho daño electoral) su irresponsabilidad solo sería comparable a la que ha acabado por conducirnos a la desgracia en la que estamos. Por eso, de lo que hay que hablar desde ya mismo no es tanto de lo que hicieron Cascos o Rajoy el mes pasado, sino de lo que, por ejemplo, piensan hacer en el futuro para evitar que la Unión Europea nos insulte con ese fondo de 5 millones de euros con el que pretenden solucionar «lo de Galicia». Es cierto, claro, que ese cambio de tercio que las circunstancias aconsejan sería más sencillo si alguien, ¿por qué no el propio Cascos?, se decidiera por fin a dimitir.