13 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

ESTAMOS perdidos. Siguen justificando la excursión de un petrolero herido de muerte por la costa gallega, siguen empecinados en que actuaron correctamente, mienten reiteradamente ante el Parlamento y siguen haciendo oposición a la oposición. Estamos peor de lo previsto. La lluvia de reproches que el presidente Fraga y la Xunta han tenido que soportar durante el debate de la moción de censura no fue suficiente para clarificar la situación. Beiras y Touriño siguen siendo unos desleales. Esa es la conclusión que los populares pretenden que quede en la sociedad gallega. Pero tienen serias dificultades para que ésta lo asuma. La moción estaba perdida de antemano. En el Parlamento. Pero una iniciativa de estas características se gana o se pierde en la calle. En la sensación de victoria o derrota que queda en la sociedad. Y esa sociedad se viene pronunciando mayoritariamente, manifestando su rabia e indignación por lo ocurrido. Empeñarse en que el pueblo gallego mantiene su apoyo a sus líderes es un disparate. De forma especial tras asistir a las permanentes rectificaciones, cambios de rumbo y contradicciones. Tras saber que hasta el cazador Cascos pudo poner su cargo a disposición de Aznar. Tras ver cómo los integrantes del coro de palmeros y rondalla de guitarreros se van descolgando de seguir manteniendo el apoyo. Tras ver que hasta los medios más afines están vapuleándolos sin compasión. Quien adquiere la responsabilidad de gobierno, ha de tener la valentía suficiente para asumir los errores. Pero no es el caso. Para que no se cumpla la máxima de Albert Guinon de que la cobardía tiene sobre el valor la ventaja de encontrar siempre una disculpa. Aquí sólo queda una idea clara. En toda esta hecatombe, los únicos que han fracasado estrepitosamente son los dirigentes políticos. Y siguen ahí. Sin aceptarlo.