Mentirijillas

OPINIÓN

10 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

ALGUIEN me dijo una vez, copiándolo yo creo de una película: «No hace falta que digas la verdad como un autómata». Total, porque me había preguntado qué me parecía su nuevo reloj -tenía un montón, de todas las formas y colores- y le dije que lo encontraba «feo, casi hortera». Fue algo innecesario, lo reconozco, fruto de una ciega confianza en que la verdad siempre lo sana todo. A veces la gente no quiere saber la verdad y no hace ninguna falta decírsela. Basta con no mentir y ser cortés. Otras, hay que decirla aunque cueste mucho. También puede ocurrir que la gente no tenga derecho a conocer la verdad -aunque otra cosa parezca, a veces sucede- o que la mera eficacia aconseje la prudencia y la discreción. Esto pasa todos los días, y lo entendemos muy bien. Jamás, sin embargo, se alcanza nada bueno a través de la mentira o de las medias verdades. Proliferan los asesores expertos en cómo contar las cosas. Y se dice, cada vez más, que tal gobierno o tal empresa comunica bien o comunica mal. Así es: se puede contar mejor o peor la verdad. Pero cuando a lo que se juega es a tergiversarla, ocultarla o inventarla, entonces pierden todos. El mentiroso, el primero.